sábado, 5 de octubre de 2013

Las Reforma Energética desde una perspectiva progresista

Por Roberto Escamilla Pérez

“Es necesario ponerse en pie,
y ver lo que pasa en el mundo,
para que no pase lo que se puede evitar.”

José Martí.


Los mexicanos somos cada día más conscientes de que para Peña Nieto, para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Partido (de) Acción Nacional (PAN), la gran burguesía nacional, el clero político y para grupos de derecha como “Los Chuchos”, aliados del imperialismo norteamericano y de las empresas trasnacionales, hablar de “reformas estructurales”, particularmente en materia energética, significa continuar con la privatización de Petróleos Mexicanos (PEMEX) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), ahora mediante contrarreformas a los artículos 27 y 28 constitucionales para hacerlo de manera “legal”, y eliminar de paso los derechos y conquistas de los trabajadores de estas industrias plasmados en el artículo 123 Constitucional y en la Ley Federal del Trabajo (LFT).
Cuando los neoliberales hablan de “reformas estructurales” no piensan, pues, en el pueblo de México, desean únicamente asegurar las inversiones e incrementar las ganancias de los grandes empresarios nacionales y extranjeros, porque a ellos sirven.

La Reforma Energética desde una perspectiva progresista

En primer lugar, para que una Reforma Energética sea verdaderamente progresista y de beneficio para el pueblo y la Nación, se debe aplicar estrictamente el espíritu del artículo 27 Constitucional en relación a nuestros recursos naturales, y al funcionamiento y manejo de las empresas e instituciones del Estado para los fines que de nuestra propia Ley Suprema emanan, que son el lograr la independencia económica y política para nuestro país, elevar de manera permanente el nivel de vida del pueblo y ampliar nuestro régimen democrático de acuerdo a lo que define como democracia el artículo 3º de nuestra propia Constitución.
Para las fuerzas progresistas y democráticas, una Reforma Energética no requiere cambios a los artículos 27 y 28 constitucionales, al menos no en el sentido en el que los plantea Peña Nieto y la derecha, implica más bien rescatar a Petróleos Mexicanos (PEMEX) y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para que, lejos de seguirse privatizando, se fortalezcan y refuercen su sentido original, que es el de estar al servicio de la nación y del pueblo mexicano, y castigar cualquier acto de corrupción que cometan sus funcionarios y trabajadores a cualquier nivel.
Incluye igualmente anular todos aquellos contratos que hayan realizado o aprobado los funcionarios de PEMEX y de la CFE con la gran burguesía nacional y los monopolios extranjeros, y que contravengan el espíritu y la letra de la Constitución de la República, o que vayan en perjuicio del pueblo y de la Nación.      
Una Reforma Energética progresista implica encontrar para PEMEX el equilibrio entre no abandonar el impulso que le da al desarrollo de la economía del país y a la elevación del nivel de vida del pueblo, a través de obras y recursos que entrega a los estados y a la Federación, y tener los medios necesarios para modernizarse, invirtiendo en su mantenimiento y expansión constante en los rubros que más convengan al país, y que más ganancias y divisas nos dejen, como la petroquímica, lo que finalmente redundará en beneficio de la nación y del pueblo.
Paralelamente, es necesario impulsar a todos los centros de investigación nacionales y a las instituciones de educación superior, como el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), vinculándolas al desarrollo de la industria petrolera, y a la industria mexicana en general, para que nos permita generar los cuadros necesarios para el manejo y generación de tecnología de punta que es indispensable para nuestro desarrollo.
Así, la solución a nuestros problemas económicos, y el desarrollo y modernización de PEMEX, no lo debemos buscar solamente en las profundidades del mar, sino en una profunda transformación de nuestra industria petrolera, pero con sentido nacionalista y popular.
Asimismo, es fundamental que el Estado se encargue directamente de la comercialización y venta de las gasolinas porque, además de los ingresos que le puedan generar, esto bajaría sus precios con el consiguiente beneficio para la industria y comercio nacional, y para todos los mexicanos.
Significa también, en un acto de elemental justicia, reconocer la existencia legítima del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y restituir en sus puestos de trabajo a todos los afiliados al mismo, ya sea mediante el rescate de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (CLyFC) o a través  de su integración plena a la CFE.
Por último, dada la trascendencia de la expropiación petrolera realizada por el general Lázaro Cárdenas del Río, y para fortalecer las convicciones nacionalistas y patrióticas de nuestro pueblo, se debe reformar la Ley Federal del Trabajo para que el 18 de marzo sea declarado como Día de la Independencia Económica y la Soberanía Nacional, otorgándole la misma importancia que a otras fechas históricas, como el 16 de septiembre, el 20 de noviembre o el primero de mayo.

Consecuencias que tendría la Reforma Energética propuesta por Peña Nieto

Lejos de mejorar la economía del país y la situación deplorable de 80 millones de mexicanos, la propuesta de Peña Nieto, cuyo objetivo principal es profundizar la privatización de PEMEX y de la CFE, traerá como consecuencias despidos masivos de sus trabajadores; encarecimiento de sus servicios y productos; la pérdida de los enormes recursos que aporta PEMEX (cerca del 40% del presupuesto anual), que aún hoy, de una u otra manera son utilizados en beneficio del pueblo y nos permiten gozar, como país, de cierta estabilidad económica y social, y de independencia respecto al exterior, que, claro, no es aprovechada por los neoliberales en el poder en beneficio de la Nación, sino para sus propios intereses.
En consecuencia, el incremento de los precios de las gasolinas y de las tarifas eléctricas repercutiría de manera grave en la inflación y en la carestía de la vida porque es completamente falso que la “competencia” entre monopolios genere una disminución en los precios de los productos y servicios, como lo presume el Gobierno Federal.
Por otro lado, una industria eléctrica en manos de extranjeros afectaría a la pequeña y mediana industria nacional e iría dejando a miles de pequeñas comunidades del país a oscuras, sin este importante servicio, porque a los monopolios no les resultaría económicamente atractivo ni redituable.
Por último debemos mencionar que la consecuencia más grave sería que por muchos años se cerraría la posibilidad para nuestro país de alcanzar realmente un desarrollo económico con independencia y progreso social pues PEMEX y la CFE son imprescindibles para lograrlo, por eso deben permanecer y fortalecerse como empresas estatales.

Unidad para defender a PEMEX y a la CFE

La unidad, organización y movilización de la clase trabajadora, de los campesinos, de los estudiantes, de las mujeres, de los hombres y de todas las fuerzas progresistas fue fundamental en el logro de la Expropiación Petrolera el 18 de marzo de 1938.
Esta misma unidad, organización y movilización se requieren hoy para defender con éxito a PEMEX y a la CFE, sin excluir a ninguna persona, grupo u organización por muy pequeña o insignificante que parezca, porque las Reformas Estructurales impulsadas por el Peña Nieto, y en particular la propuesta de Reforma Energética y su ya aprobada Reforma Educativa, ponen en verdadero riesgo el futuro del país, el progreso de los mexicanos, están generando cada vez más inconformidad y, por tanto, el peligro de que el Estado desate una represión generalizada y muy violenta, que a nadie conviene.
Recordemos y aprendamos de la historia de México: en la lucha por nuestra independencia respecto a España, en la Reforma y en la Revolución Mexicana iniciada en 1910, por poner tres ejemplos, la violencia armada no fue impuesta por Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero, Villa o Zapata, les fue impuesta por los colonizadores, por imperios o potencias extranjeras, y por una dictadura sangrienta de cerca de 30 años.
El pueblo mexicano no es violento, nunca lo ha sido, nunca eligió la violencia como estrategia para cambiar su realidad por otra mejor, la violencia siempre le ha sido impuesta por el Poder, por quienes lo han reprimido y se han opuesto al verdadero progreso y a la independencia de la Nación.
Correo electrónico: a_babor@hotmail.com