lunes, 2 de septiembre de 2013

La Constitución tiene la culpa: Peña Nieto


Por: Roberto ESCAMILLA PÉREZ.
 
En desagravio a la Constitución de la República.
 
Al culpar a “la rigidez del régimen constitucional” de la, según él, mala situación de Petróleos Mexicanos (PEMEX), Peña Nieto miente y comete un imperdonable agravio contra la Constitución de la República.
Además, con ello pretende ocultar que los únicos y verdaderos responsables de la situación de PEMEX, del país y del pueblo mexicano, son quienes nos han gobernado durante los últimos 30 años al aplicar fielmente las políticas económicas neoliberales que impulsan e imponen instituciones financieras del imperialismo norteamericano, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM).
A la Constitución de lo único que se le podría “culpar” es de mantener la paz social gracias a que perduran algunos de los más grandes logros que trajo consigo, junto con la Revolución Mexicana iniciada en 1910, como la Seguridad Social, la educación pública gratuita y empresas como PEMEX, pilar de la economía mexicana, a pesar del virus neoliberal que las carcome incesantemente desde hace tres décadas.  
 
La importancia del petróleo
 
El petróleo es un recurso no renovable e imprescindible en la sociedad actual, sin el cual ésta sería inconcebible, al menos como la conocemos actualmente, con todos sus avances económicos, científicos y tecnológicos, aun cuando los mismos no beneficien a la mayoría de los habitantes del planeta, sino a una minoría escandalosamente enriquecida.
Aparte, el petróleo, por su importancia en la vida actual, es y ha sido motivo de presiones políticas, guerras, intervenciones y agresiones armadas por parte de gobiernos de países desarrollados en contra de un sinnúmero de países que poseen este preciado recurso en sus territorios.
Asimismo, el petróleo es un enorme negocio que en manos de particulares ha generado algunas de las mayores fortunas en la historia y los más grandes monopolios, principalmente en los Estados Unidos de Norteamérica, lo que les permite influir de manera determinante en la política guerrerista del gobierno de ese país.
 
Preguntas obligadas
 
De acuerdo a lo anterior, surgen inevitablemente dos preguntas. Si el petróleo es tan importante para el mundo y para cualquier país, y constituye un fácil y muy redituable negocio: ¿Por qué Petróleos Mexicanos (PEMEX) se continúa desmantelando, privatizando y entregando en bandeja de plata a los monopolios trasnacionales, y Peña Nieto propone una iniciativa de Reforma Energética para acelerar este proceso antipatriota? ¿Tiene PEMEX problemas financieros como el mismo gobierno asegura?
 
La iniciativa reaccionaria de Peña Nieto
 
El discurso de presentación de la iniciativa de Reforma Energética de Peña Nieto va de lo absurdo a la mentira, y termina en la manipulación. Asegura que su propuesta no es privatizadora; que transformará y elevará la calidad de vida de los mexicanos; que las reformas a los artículos 27 y 28 constitucionales confirman la propiedad de la nación sobre el petróleo; que hará crecer la economía, creará miles de empleos, y que bajará los precios de la luz, del gas y de los fertilizantes, con lo que se beneficiará el campo mexicano y aumentará la producción a mejores precios; que restituirá las reservas petroleras más allá del 100% y aumentará la producción de petróleo y gas, etcétera.
Por otra parte, compara su iniciativa con la expropiación petrolera realizada por el general Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938, pues asegura que “retoma palabra por palabra el texto el artículo 27 constitucional del presidente Lázaro Cárdenas, eso permitirá al Gobierno de la República celebrar contratos de utilidad compartida con el sector privado cuando así convenga al interés nacional”.
Compara la situación de la industria petrolera mexicana nacionalizada con la de otros países al señalar que en años recientes “Canadá y Estados Unidos se convirtieron ya en potencias energéticas. Nuestro sector energético, en cambio, dada la rigidez del régimen constitucional, perdió dinamismo y, más grave aún, competitividad”.
Presume que “la Universidad Nacional Autónoma de México e Instituto Politécnico Nacional, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el propio Instituto Mexicano del Petróleo, las demás instituciones de investigación y de educación superior del país así como los empresarios nacionales tendrán una responsabilidad fundamental en el renacimiento de la industria petrolera y de toda la industria nacional.”
Por último promete que se fortalecerá a la Comisión Federal de Electricidad (CFE), aunque de manera contradictoria anuncia que se permitirá a los particulares invertir en la generación de energía eléctrica, que aunque admite que ya producen un tercio de la misma, no pueden comercializarla a la población en general, pero que con la reforma del artículo 27 se les permitirá, lo que disminuirá su costo para los usuarios de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda.
 
La mentira
 
Por 31 años, los neoliberales priistas y panistas han prometido las mismas cosas que Peña Nieto: bajar precios, crear empleos, fortalecer nuestra economía y no privatizar, esgrimiendo tesis como las de “crear la riqueza para después repartirla” o “vender bienes para remediar males”, como hoy lo hacen con lo de las “reformas estructurales”.
Sin embargo, los efectos de sus políticas económicas han sido totalmente contrarios: mayor pobreza y miseria, quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas mexicanas, pérdida de millones de empleos y del 80 por ciento del poder adquisitivo del salario, miseria en el campo, la privatización de la tierra y de miles de empresas estatales, una mayor dependencia de nuestra economía respecto a la norteamericana, además de aumento del crimen organizado, del narcotráfico, de la inseguridad pública y de la violencia a grados antes inconcebibles.  
 
Del agravio a lo absurdo
 
Peña difama y culpa a la Constitución de la República, a la “rigidez del régimen constitucional”, de la mala situación de PEMEX, y cae en lo absurdo al comparar su gobierno con el de Lázaro Cárdenas, y a nuestro país con los Estados Unidos en cuanto a que éste es una “potencia energética”.
Lo absurdo de estas comparaciones consiste en que, en primer lugar, el de Cárdenas fue un gobierno revolucionario y, por tanto, al proponer reformas o cambios constitucionales fueron con los propósitos de fortalecer nuestra independencia económica y política, elevar el nivel de vida del pueblo y ampliar nuestro régimen democrático; en cambio, el de Peña Nieto es un gobierno neoliberal, reaccionario, de ultraderecha, y los cambios constitucionales y contrarreformas que propone tienen el objetivo de beneficiar a los monopolios norteamericanos, no al pueblo mexicano.
Así, retomar “palabra por palabra el texto el artículo 27 constitucional del presidente Lázaro Cárdenas”, en las circunstancias y contexto actuales sólo constituye una sucia maniobra del gobierno de Peña Nieto para justificar la entrega del petróleo a los monopolios trasnacionales.
Claro, seguramente el imperialismo norteamericano es una “potencia energética”, pero el petróleo en ese país es propiedad de monopolios como la ExxonMobil, la Chevron y la Standard Oil, y no está en manos del pueblo norteamericano; además, gran parte de este recurso lo han obtenido mediante guerras de rapiña en contra de países ricos en petróleo o estratégicos para su transportación y saqueo, como Irak y la antigua Yugoeslavia, y ahora pretenden hacer lo mismo con Siria, sin importarles para nada los millones de vidas inocentes que se pierdan.
Irónicamente, México le vende la mayor parte de nuestro petróleo crudo (millones de barriles diarios) a los Estados Unidos para elevar sus reservas estratégicas: ¿Así cómo no va a ser ese país una “potencia energética”?   
 
Lo manipulador
 
Asimismo, en su discurso pretende dar “atole con el dedo” a la UNAM, al IPN, a los centros de investigación y a los empresarios mexicanos, asegurándoles que todos ellos serán parte importante de esta “cuasi” revolución energética.
Es absurdo que este señor Peña (quien ha demostrado ampliamente su falta de cultura) pretenda manipular y engañar a quienes dirigen las máximas instituciones de educación superior de México y a sus centros de investigación, que constituyen un semillero de talentos desgraciadamente aún desperdiciados gracias también a las políticas económicas neoliberales que desde hace más de 30 años vienen aplicando los gobiernos priistas y panistas.
Por último, en el colmo de la incongruencia, afirma que fortalecerá a la CFE, cuando a renglón seguido anuncia que dará más facilidades a la iniciativa privada para generar y comercializar la energía eléctrica, que porque con la competencia los recibos de luz nos vendrán más baratos. Permítanme reírme pues parece que en Los Pinos ya legalizaron la mariguana y por eso sus habitantes hablan de manera tan incongruente.
En México tenemos Comercial Mexicana, Chedraui, Wal-Mart, Aurrerá, Soriana, Liverpool, Sanborns, Sam’s Club, etcétera, es decir, muchos monopolios comerciales extranjeros, entonces se supone que hay “competencia”, pero: ¿Acaso eso ha hecho que bajen los precios de los productos, por lo menos de los básicos? ¡No! Los monopolios se ponen de acuerdo para establecer sus precios monopólicos.
La “libre competencia” es una farsa en esta época en la que la economía es avasallada por los monopolios privados trasnacionales, y si estos monopolios logran dominar la comercialización de la energía eléctrica, será una tragedia más para el pueblo mexicano.
 
Respuestas a las preguntas obligadas
 
Entonces: ¿Por qué Petróleos Mexicanos (PEMEX) se continúa desmantelando, privatizando y entregando en bandeja de plata a los monopolios trasnacionales, y Peña Nieto propone una iniciativa de Reforma Energética para acelerar este proceso antipatriota? Porque Peña Nieto pertenece a un partido de derecha, es neoliberal, fue impuesto en la Presidencia de la República por los grandes empresarios nacionales y los monopolios extranjeros, entonces a ellos sirve y servirá fielmente durante todo su sexenio, no al pueblo mexicano.
¿Tiene PEMEX problemas financieros? PEMEX, con todos sus problemas derivados de la corrupción e ineptitud de sus funcionarios neoliberales, provee a nuestro país de casi el 40 por ciento del presupuesto público nacional, que sirve para mantener muchas instituciones sociales y administrativas, para construir hospitales, escuelas, carreteras, y dotar de infraestructura básica a cientos de las poblaciones más pobres del país.
PEMEX, a pesar del sabotaje interno del que es objeto desde hace más de 30 años, es una empresa exitosa, con trabajadores, técnicos e ingenieros altamente capacitados. Es el pilar de la economía del país y asegura el bienestar de millones de mexicanos. Porque es una empresa del Estado, esos son sus propósitos fundamentales y a pesar de todo los cumple.
Si PEMEX se privatiza, sólo se beneficiarán unos cuántos como ocurrió con Teléfonos de México (TELMEX), que al privatizarse hizo de un solo hombre, de Carlos Slim, la persona más rica del mundo, en un país en el que año con año miles de niños mueren por enfermedades causadas por la desnutrición. Por eso debemos decir: ¡La culpa no es de la Constitución, es de la reacción! ¡No a la privatización de PEMEX ni de la CFE!
Correo electrónico: a_babor@hotmail.com

Nota: les invito atentamente a que busquen en este blog artículos anteriores relacionados con el petróleo y la Reforma Energética que espero les sean de interés y utilidad, así como a leer el libro “Nacionalizar es Descolonizar”, de Vicente Lombardo Toledano, que trata en su totalidad de este importante tema y que pueden obtener en la Av. Álvaro Obregón 182, colonia Roma, de la ciudad de México o solicitándolo a la dirección de correo electrónico ppsdn2003@yahoo.com.mx