martes, 26 de junio de 2018

Carta abierta a los empresarios mexicanos.


¡A babor!

Carta abierta a los empresarios mexicanos.

Por Roberto Escamilla Pérez.

El México moderno es fruto de un movimiento social radical, violento en todos los sentidos, que inició en 1910: la Revolución Mexicana, misma que destruyó el régimen latifundista semifeudal existente, en el que el pueblo vivía en condiciones cercanas a la esclavitud, y transformó a nuestro país en uno capitalista, pero con características particulares, con una clase burguesa en esos momentos revolucionaria, una clase obrera en crecimiento y diversos sectores, como el campesino, indígena, de profesionistas, intelectuales, etcétera.
La nuestra fue una revolución democrático-burguesa, popular, antifeudal y antimperialista, que, como ya dijimos, convirtió a nuestro país en capitalista, por lo que la clase social que tomó el poder fue la burguesía mexicana, una burguesía que en un principio fue revolucionaria, y que posteriormente, dependiendo de su poder económico e intereses, se dividió en por lo menos tres sectores: la gran burguesía aliada a los intereses de las trasnacionales, la pequeña y mediana burguesía nacional y la burguesía gobernante, hasta 1982 con carácter progresista y nacionalista, aún con sus errores, vacilaciones y traiciones.
Sin embargo, la participación en este movimiento de la clase trabajadora naciente, los peones, campesinos, indígenas e intelectuales progresistas y revolucionarios, le dieron un carácter de antifeudal y popular, que se reflejó en la Constitución de 1917, principalmente en sus artículos 3º., 27, 123 y 130, entre otros, y posteriormente en leyes como la Federal del Trabajo, y en la creación del ejido, de la Seguridad Social, la educación pública, la nacionalización de nuestros recursos naturales e industrias estratégicas, y en la constitución de cientos de empresas en manos del Estado en renglones claves para nuestra economía.
El carácter antimperialista de nuestra Revolución tuvo su origen y motivos en el hecho de que nuestro pueblo, su territorio y después nuestro país, han sufrido desde siempre invasiones, agresiones, despojos y el saqueo por parte de potencias extranjeras, desde la España de la Colonia, hasta de las que antes de la Revolución Mexicana y hasta hoy somos objeto por parte del imperialismo norteamericano y sus trasnacionales.
Como la Revolución se propuso tres grandes objetivos: lograr la independencia económica y política de la nación, la ampliación del régimen democrático y la elevación constante del nivel de vida del pueblo, ante una incipiente clase burguesa y empresa privada nacional, la única manera de lograrlo fue y es la intervención de manera directa del Estado en la economía y por ello paulatinamente se fueron nacionalizando los principales recursos naturales del país, como el petróleo y la minería, se creó y fortaleció el ejido, y surgieron cientos de empresas del Estado en los renglones estratégicos de la economía, como el petróleo, la electricidad, el acero, la aviación, las comunicaciones, el transporte, la banca, los fertilizantes y maquinaria para el campo, etcétera.
Al calor y con el cobijo del sector estatal de la economía se crearon las condiciones necesarias para el florecimiento de la industria y comercio en manos de mexicanos, de la llamada iniciativa privada nacional, de la pequeña, mediana y gran industria y comercio nacionales, florecimiento que habría sido imposible sin la intervención del Estado en la economía, pues ésta hubiese sido copada, dominada y monopolizada por las trasnacionales norteamericanas, como, por cierto, actualmente ocurre.
Sin embargo, a partir de 1982 la Revolución Mexicana fue traicionada desde Palacio Nacional, primero por Miguel de la Madrid Hurtado, seguido por Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y por el gobierno actual de Peña Nieto. Las consecuencias de esta traición están a la vista: dependencia económica y política, un régimen bipartidista estilo norteamericano, la fusión entre el poder económico de una élite y el poder político, con el surgimiento de empresarios-políticos y políticos-empresarios, como en los EEUU, retroceso en la democracia, represión, violencia e inseguridad alarmantes y extremas, pobreza, miseria y una corrupción que ha invadido todas las instancias de gobierno, propiciada por un pequeñísimo grupo de mexicanos asquerosamente enriquecidos, y por las trasnacionales y sus representantes en México. Así, los neoliberales, al pretender volver a etapas ya superadas en nuestra historia y en la del mundo, han construido una verdadera bomba de tiempo que en cualquier momento amenaza con estallar.
Los empresarios mexicanos también han sufrido las consecuencias de la política económica neoliberal aplicada desde 1982: con el Tratado de Libre Comercio (TLC) y la apertura indiscriminada a las inversiones extranjeras, miles de pequeñas, medianas y aún grandes empresas y comercios auténticamente mexicanos han quebrado, además, a los pocos que han resistido se les ha abandonado a su suerte, negándoles apoyos de todo tipo, y teniendo que enfrentar una competencia desigual, suicida, con las poderosas empresas trasnacionales y hasta nacionales. Con ello se han perdido millones de puestos de trabajo y miles de personas que antes eran empresarios, han pasado a engrosar las filas de la clase trabajadora, y hasta de la gran masa de desempleados, subempleados o de la enorme economía informal.
Solo una minúscula élite privilegiada de grandes empresarios, encabezados por Carlos Slim, junto con los propietarios de los dos monopolios televisivos y los de algunas zonas industriales ubicadas en el norte y centro del país, como Nuevo León, Jalisco, y Ciudad y Estado de México, no solo han sobrevivido, sino que se han enriquecido groseramente gracias a sus influencias en los distintos gobiernos neoliberales y a su alianza de facto con las trasnacionales y el gobierno de los EEUU.
Entonces señores empresarios, y nos dirigimos a la mayoría de ustedes: ¿En qué les han beneficiado todos estos años de gobiernos neoliberales panistas y priistas? ¿Han visto prosperar sus negocios? ¿Sus propias familias sienten que México es un país seguro para vivir y para invertir? ¿Han visto mejoría en el nivel de vida de sus trabajadores? ¿Creen que es justo que quienes realmente trabajan o se esfuerzan por mantener a flote una empresa paguen más impuestos que aquellos que son los consentidos del régimen y que gozan de incalculables fortunas? ¿Consideran que aquellos grandes empresarios que realizan declaraciones públicas, firman desplegados en contra de uno de los candidatos a la Presidencia de la República y presionan a sus trabajadores para no votar por él, actúan dentro de la ley, le hacen un bien a México y representan el sentir de la mayoría de ustedes? ¿Creen ustedes realmente que la situación actual de México, con el llamado “libre mercado” y la “libre competencia”, es mejor que la que vivíamos 35 años atrás?
Andrés Manuel López Obrador, candidato a la Presidencia de la República por el partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) y por la coalición Juntos Haremos Historia, con su Proyecto de Nación, no pretende volver atrás, a épocas ya superadas por los mexicanos, a la época del partido único, del dispendio, de la falta de planeación, de la corrupción. Mira al futuro porque además está consciente de que nadie puede detener la rueda de la historia.
Lo que Obrador y su Proyecto esperan lograr, con el apoyo del pueblo mexicano y sus fuerzas progresistas, entre las que deberían estar ustedes, es devolver a la gente y al país lo que los neoliberales nos arrebataron a lo largo de estos más de 35 años: sus empresas, su empleo, un ingreso digno, oportunidades para educarse y alimentarse adecuadamente, y para acceder a una atención de la salud de calidad, una vivienda digna, la paz y la esperanza, y a México sus riquezas naturales y empresas estratégicas que jamás deberían habérsele arrebatado porque son la base para el progreso de cualquier nación del mundo, además de su respeto y prestigio en el ámbito internacional, y al pueblo devolverle el derecho a influir de manera real y efectiva en el destino del país, en el camino que éste debe tomar. Es todo. Lo demás son inventos, cuentos para asustar a ignorantes, de quienes son capaces de hacer cualquier cosa con tal de no perder sus ilegítimos privilegios, que deberían constituir para ellos una vergüenza en medio de tanta pobreza, sufrimiento, miedo e inseguridad.
Por todo lo anterior, dada la grave situación por la que atravesamos, ya descrita en rasgos generales y que es muy parecida a la vivida por los mexicanos durante la dictadura de Porfirio Díaz, hoy la patria requiere de la unidad de todas sus fuerzas progresistas, democráticas y patrióticas, que incluya a todas las organizaciones y partidos políticos con dichas características, a todos los hombres, mujeres y jóvenes con esa mentalidad, a los artistas, intelectuales, profesionistas, maestros y estudiantes, a obreros, campesinos y empleados de todo tipo, y a ustedes, los empresarios honestos que aman verdaderamente a México, que se arriesgan aquí, que desean invertir aquí, en su patria, que han sido golpeados por las malas políticas gubernamentales y que piensan que si logramos un México con menos pobreza y más cultura, desarrollado e independiente, respetuoso del resto de países del mundo con los que amplíe sus lazos comerciales, y en el que se escuche realmente nuestra voz, todos saldremos beneficiados.
junio-2018


No hay comentarios: