domingo, 18 de enero de 2015

Salvemos al Ejército Mexicano, a la juventud y a la Patria.



Por Roberto Escamilla Pérez.

En mayo de 2007, hace aproximadamente ocho años, publicamos el artículo “Salvemos al Ejército Mexicano”, en el que se condenaba enérgicamente al gobierno panista de Felipe Calderón por obligar al Ejército a salir de sus cuarteles para combatir directamente a la delincuencia organizada y al narcotráfico, calificando esta medida como anticonstitucional, inútil, y lesiva para una de las pocas instituciones que mantenía un gran prestigio y respeto entre el pueblo mexicano, contra el que finalmente quería enfrentársele.
Desgraciadamente para nuestro pueblo el tiempo nos ha dado la razón, y por la importancia actual del tema y debido a los trágicos acontecimientos del 26 de septiembre del año pasado en los que tres jóvenes estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, Guerrero, fueron brutalmente asesinados y 43 más desaparecidos, nos vemos obligados a retomar el asunto y llamar una vez más a la unidad de todas las fuerzas progresistas para derrotar a la secta neoliberal en el poder y logar que el Ejército regrese de inmediato a sus cuarteles, porque este gobierno no lo hará.

Orígenes, características y deberes del Ejército Mexicano

Si bien los orígenes del Ejército Mexicano se remontan a la época de la lucha por nuestra independencia respecto a España, fueron los diferentes ejércitos revolucionarios comandados por Villa, Zapata, Carranza y por otros caudillos que participaron en la Revolución Mexicana iniciada en 1910, los que le heredaron los rasgos y características esenciales que desgraciadamente está perdiendo, como el ser respetuoso de la Constitución, de origen popular y ampliamente identificado con los ideales de independencia, soberanía, democracia y progreso que históricamente ha perseguido nuestro pueblo.
Igualmente, nuestro Ejército se ha distinguido de los del resto del mundo por mantenerse respetuoso de las instituciones y no haber sido protagonista de golpes de Estado, que han provocado masacres, luto, dolor, retroceso y toda clase de injusticias en otros países, además de estar formado por gente del pueblo y cuyos integrantes ascienden de grado no debido a la “pureza de su sangre” o por pertenecer a las clases privilegiadas, sino por sus méritos en el servicio a la patria.
Asimismo, de sus filas han surgido muchos hombres valiosos, progresistas y revolucionarios, como el general Lázaro Cárdenas del Río, el mejor Presidente que ha tenido nuestra patria después de la etapa armada de la Revolución Mexicana iniciada en 1910.
De acuerdo con nuestra Constitución, y con la Ley Orgánica del Ejército y Fuerza Aérea Mexicanos, sus deberes y obligaciones son defender la integridad, la independencia y la soberanía de la nación; garantizar la seguridad interior; auxiliar a la población civil en casos de necesidades públicas; realizar acciones cívicas y obras sociales que tiendan al progreso del país, y en caso de desastre, prestar ayuda para el mantenimiento del orden, auxilio de las personas y sus bienes, y la reconstrucción de las zonas afectadas.

El combate a la delincuencia organizada no es obligación del Ejército Mexicano.

Así, queda más que claro que el combate contra el narcotráfico y la delincuencia organizada no es una obligación del Ejército Mexicano, se aparta por completo del marco de la ley y no corresponde a las elevadas tareas que históricamente se le tienen encomendadas.
Se alega que el narcotráfico y la delincuencia organizada ponen en peligro la seguridad interior y hasta la soberanía del país, pero esto es falso y constituye solo el pretexto para involucrar al Ejército en esta lucha, corromperlo, desprestigiarlo y, finalmente, enfrentarlo a un pueblo movilizado y harto de la pobreza, la injusticia y de la entrega de nuestro país a las empresas trasnacionales.
En todo caso, esta situación de inseguridad y violencia es responsabilidad de los gobiernos neoliberales que han estado al frente de nuestro país por más de 30 años y correspondería al actual resolverla, junto con las corporaciones policiacas a todos los niveles, y no al Ejército Mexicano.
Lo que inició Calderón Hinojosa y continúa haciendo Peña Nieto, sobrepasa los límites y está poniendo en serio peligro el prestigio, la esencia y el carácter progresista, democrático y popular del Ejército y, en general, de las Fuerzas Armadas Mexicanas, así como la integridad física e inclusive la vida de cada uno de sus integrantes.

¿Por qué el Ejército Mexicano no debe seguir siendo utilizado para combatir a la delincuencia organizada?

No debemos permitir que el Ejército continúe en esta lucha contra el narcotráfico y la delincuencia organizada porque, en primer lugar, ya vimos que es una batalla condenada al fracaso pues no se está atacando este fenómeno de manera integral ni de raíz, es decir, no se está combatiendo lo que lo genera: la pobreza, la miseria, la ignorancia y el desempleo, y así no se gana una guerra.
En segundo lugar porque, como ya vimos, el combate a la delincuencia organizada no está dentro de las tareas que constitucionalmente se le tienen asignadas.
En tercer lugar debido a que se le está exponiendo al enorme poder de corrupción del narcotráfico, además de que muchos de sus elementos están perdiendo la vida de manera inútil y absurda, en una guerra que no es la suya.
Por último, si el Ejército continúa en esta lucha, irá perdiendo el prestigio que ante el pueblo mexicano se ha ganado, y en el fragor del combate, y ante la impotencia de no poder acabar con la delincuencia, porque no lo va a poder hacer (no por incapacidad, sino por las razones que ya señalamos), seguramente algunos de sus elementos seguirán cayendo en excesos, y sectores cada vez más numerosos del pueblo empezarán a verlo, ya no como la gran institución que es, sino con odio o desconfianza, situación que a nadie conviene, salvo a los enemigos históricos del progreso de México: a la derecha y al imperialismo norteamericano.

¿Qué es lo que el Ejército Mexicano puede y debe hacer para contribuir en esta lucha?

Es verdad, nadie en nuestro país debe mantenerse al margen de esta situación, pero en este caso el Ejército Mexicano puede colaborar en la lucha contra la delincuencia organizada de otra manera y nunca directamente, es decir, evitar por todos los medios que entre en combate, tampoco debe encabezar cateos, mucho menos entrar en domicilios particulares, efectuar detenciones, ni crear cuerpos de elite que sirvan para reprimir al pueblo.
El Ejército, por lo contrario, puede y debe, por ejemplo, entrenar y preparar a los cuerpos policiacos a todos los niveles, físicamente, en la táctica y estrategia para el combate, en el manejo de armas, y mental y sicológicamente, fomentando en ellos valores cívicos elevados, como el amor a la patria y a nuestro pueblo, que es lo que finalmente le da un verdadero sentido y propósito a una lucha de este tipo.
Asimismo, puede proporcionar información de inteligencia útil para los cuerpos policiacos, y participar en el avituallamiento y auxilio de los mismos, además de proteger a la población civil.
El Ejército Mexicano puede hacer éstas y muchas cosas más, todas ellas de gran valor y peso, determinantes para avanzar en el combate contra estas mafias, pero sin poner en peligro su esencia, el papel importantísimo que le corresponde legalmente cumplir, y su prestigio ante el pueblo mexicano y ante el mundo.    

Salvemos al Ejército, a la juventud y a la Patria

Más de ocho años han pasado ya desde que el panista Felipe Calderón Hinojosa obligó al Ejército Mexicano a salir de sus cuarteles, decenas de soldados están en la cárcel por cometer abusos contra su pueblo y por actos de corrupción, cientos de ellos han muerto, y centenares de inocentes también, entre ellos mujeres y niños.
Sin embargo, fue el 26 de septiembre del año pasado cuando se llegó al clímax de la barbarie con el asesinato, en Iguala, Guerrero, de tres estudiantes normalistas y la desaparición de otros 43, presuntamente por órdenes de autoridades locales, con la participación de policías municipales y de la delincuencia organizada, pero con la complicidad del aparato de Estado y graves sospechas contra mandos del Ejército Mexicano destacamentados en esa región.
Este es el momento oportuno para recordar una vez más que estamos de acuerdo en que se combata a la delincuencia, pero en todos los frentes, y el policiaco no es el único importante.
¿Pero cómo se va a terminar con la delincuencia si el propio gobierno neoliberal genera las bases para que ésta exista y le crea el caldo de cultivo perfecto, es decir, fomenta el desempleo y con su política económica lleva a nuestro pueblo a la miseria?
Si el pueblo mexicano tuviera trabajo seguro, un salario digno y una vivienda, y garantizados sus derechos a la salud, a la educación, a la recreación, al deporte, a la cultura y a la participación política, ¿dónde reclutaría la delincuencia a sus elementos? ¡Se vería real y efectivamente reducida! Y si aparte logramos tener una justicia pronta, expedita, que no solo castigue a la pobreza, sino real y efectivamente al delito y a la corrupción, entonces la delincuencia estaría aniquilada y las instituciones, todas, a salvo.
Pero esto no ocurrirá en el gobierno de Peña Nieto, por lo que para salvar no solo al Ejército Mexicano, sino a la juventud y a nuestra Patria, es necesaria la unidad de todas las fuerzas progresistas de nuestro país en un solo frente para expulsar del poder a los neoliberales y formar un gobierno de nuevo tipo en el que la clase trabajadora, el pueblo mexicano, tenga realmente voz, voto y poder de decisión.
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