martes, 3 de diciembre de 2013

El último año de una dictadura de treinta

Por Roberto Escamilla Pérez

No, el título de este artículo no hace referencia a la dictadura porfirista, sino al primer año de gobierno de Peña Nieto, porque éste es solamente un año más de la dictadura neoliberal que inició con Miguel de la Madrid, cuyo balance no es distinto al que se pudo haber hecho de cada uno de los últimos 30 años, y que puede resumirse en una sola palabra: desastre.
Así, en todos estos años hemos tenido un mismo gobierno con diversos rostros, con matices, claro, unos más torpes e ignorantes que otros, otros más cínicos, más déspotas o más represores, o más radicalizados hacia la derecha, con rasgos fascistoides, pero el gobierno de Peña Nieto reúne todas y cada una de estas características.
En el siglo pasado, durante la etapa en la que el Partido Revolucionario Institucional (PRI) era dominante, el maestro Vicente Lombardo Toledano, líder genial de la clase obrera mexicana e internacional, relató que en una ocasión, al entrar a la oficina de algún funcionario de no muy alto nivel, observó la fotografía del Presidente de la República en turno y preguntó por qué daba la impresión de que el cuerpo no correspondía a la cabeza, es decir, había cierta desproporción entre ambas partes.
La respuesta del funcionario fue simple: le dijo que para no tener que cambiar el cuadro completo, sólo le recortaban la cabeza a la fotografía y le colocaban la del Presidente de la República en turno.
Lo anterior ejemplifica claramente la situación que vivimos los mexicanos desde hace 30 años: hemos tenido exactamente el mismo tipo de gobierno; sólo la persona que lo encabeza ha cambiado.

Nuevos nombres, viejas estrategias

Para engañar e intentar convencer a los mexicanos de las “bondades” del neoliberalismo, de las privatizaciones y de las contrarreformas constitucionales, De la Madrid, Salinas, Zedillo y Fox, argumentaron primero la necesidad de acabar con el “Estado obeso”; después que el Estado es “mal administrador”; se firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC), que, dijeron, convertiría a México en un país desarrollado y del “primer mundo”; Salinas inventó la “filosofía” del “liberalismo social” al ser desenmascarado como neoliberal; se dijo que para repartir la riqueza primero habría que generarla y, finalmente, que había que “vender bienes para remediar males”.
A partir del gobierno panista de Felipe Calderón, el “cuento chino” pasó a ser la “necesidad” de aprobar las llamadas “reformas estructurales”, supuestamente para generar empleo, acabar con la pobreza, incrementar las inversiones extranjeras y lograr el crecimiento de la economía nacional.
Sin embargo, el llamado “Presidente del empleo” no logró hacer pasar ninguna reforma porque la correlación de fuerzas no le favorecía. Además, sus potenciales aliados, los neoliberales del PRI, se encontraban atados de manos por dos circunstancias especiales: tenían que actuar como “oposición” para no perder más votantes y, en segundo lugar, sus estatutos les impedían aprobar reformas constitucionales que permitieran la inversión privada, nacional y extranjera, en Petróleos Mexicanos (PEMEX) y en la industria eléctrica, y, por tanto, se vieron imposibilitados de aliarse con el PAN para aprobar la “madre de las reformas estructurales”: la Energética.

Peña Nieto: el ala derecha de la derecha

Al llegar Peña Nieto al poder, su signo distintivo ha sido el énfasis que ha puesto precisamente en las “reformas estructurales”, a grado tal que ya se han aprobado tres de ellas: la Hacendaria, la Laboral y la Educativa, pese a la oposición de la gran mayoría del pueblo mexicano, lo que ha provocado manifestaciones populares que no se veían desde aquellas en las que la clase obrera, encabezada por Vicente Lombardo Toledano, brindó su respaldo al Presidente Lázaro Cárdenas para la Expropiación Petrolera.
Otra característica de este gobierno ha sido su estrecha alianza con la derecha tradicional representada por el PAN, a grado tal que podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que Peña Nieto pasó a ser el ala derecha de la derecha, tanto que el PAN tendría la razón de presumir, como lo hizo durante el gobierno de Salinas de Gortari, de que Peña Nieto está gobernando con su programa.
Finalmente, el poner oídos sordos a las demandas del pueblo, su cerrazón al diálogo, la represión que ha ejercido, principalmente en contra la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), y el lenguaje agresivo del propio Peña Nieto y de su Gabinete de Gobierno, como Emilio Chuayffet (Secretario de Educación Pública) y Miguel Ángel Osorio Chong (Secretario de Gobernación), así como por parte del jefe de la bancada de su partido en el Senado de la República, Emilio Gamboa Patrón, y el de la Cámara de Diputados, Manlio Fabio Beltrones, tiñen al primer año de este gobierno con auténticos tintes fascistas, que no presagian sino mayor intolerancia y represión para lo que resta del sexenio, a tal grado de que si al gobierno de Calderón lo consideramos en su momento como el “gobierno del miedo”, el actual fácilmente se ganará el calificativo del “gobierno del terror”.

¿Hemos avanzado en 30 años de dictadura neoliberal?

Los mexicanos debemos preguntarnos cuál de los graves problemas nacionales han resuelto los neoliberales en los 30 años que llevan en el poder. ¿Han resuelto la pobreza, la desnutrición y los problemas de salud relacionados con ésta, el déficit de vivienda, el desempleo, los bajos ingresos, el deterioro del poder adquisitivo de los salarios, la oferta educativa y su calidad, o fenómenos como la corrupción, la violencia, la inseguridad pública y la impunidad?
¿Acaso hemos avanzado en el fortalecimiento de nuestra independencia económica y política, en el crecimiento de la pequeña y mediana industria nacional, en la elevación del nivel de vida del pueblo, en la impartición de justicia o podemos considerarnos hoy un país más democrático cuando cerca de 80 millones de mexicanos viven en la pobreza y la clase obrera no cuenta con auténticos representantes en el Poder Legislativo de la Nación, ni en ninguna otra instancia de gobierno?
Siempre han puesto como pretexto que los cambios no pueden realizarse en un año, ni siquiera en un sexenio: ¡Pero ya llevan 30 años de gobierno, y lejos de resolver los problemas del pueblo y de la Nación, los han agravado y nos conducen directamente al abismo!

A la dictadura sólo le restan cinco años

Desgraciadamente, a esta dictadura neoliberal le restan todavía cinco años, lo que la hará más larga que la del propio Porfirio Díaz, periodo en el que las fuerzas democráticas y progresistas deberán fortalecer su unidad y su trabajo entre el pueblo mexicano, para incrementar su conciencia, organización y lucha en todos los frentes, siempre por la vía pacífica.
Lo anterior permitirá, uno, impedir la aprobación de más “reformas estructurales” neoliberales, especialmente la Energética, evitar que se continúe empobreciendo a los mexicanos y, por último, derrotar en las próximas elecciones a la oligarquía en el poder y formar un gobierno de nuevo tipo en el que los neoliberales no tengan cabida, un gobierno que retome con nuevos bríos, metas y estrategias, los objetivos que se propuso la Revolución Mexicana iniciada en 1910: la independencia económica y política de la nación, la elevación constante del nivel de vida del pueblo y la ampliación del régimen democrático.
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