viernes, 21 de junio de 2013

El conflicto magisterial.

Por Roberto Escamilla Pérez
 
¡Flojos! ¡Irresponsables! ¡Conflictivos! ¡Violentos! ¡Delincuentes!, son algunos de los adjetivos que hoy lanzan medios masivos de comunicación como Televisa y TV Azteca en contra de los maestros o contra quienes se atreven a manifestarse públicamente en la ciudad de México, o en cualquier otra parte de la República, en defensa de sus derechos o de los intereses de la nación y del pueblo mexicano.
Sin embargo, al igual que no podemos apoyar ciegamente a cualquier grupo de manifestantes y estar de acuerdo con sus métodos y estrategias de lucha, tampoco debemos condenar “a priori” a quienes se manifiesten públicamente sin antes estudiar y conocer las razones por las que deciden hacerlo, y porque, si la situación política, económica y social del país se sigue deteriorando por culpa de los neoliberales que nos gobiernan, seguramente seremos nosotros quienes el día de mañana nos veamos obligados a defender nuestros derechos en la calle porque no nos quede de otra.
 
Los tres aspectos del conflicto
 
El conflicto magisterial actual se da en el marco de la crisis general y permanente generada en nuestro país por la aplicación de las políticas económicas neoliberales desde el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) hasta el actual de Peña Nieto con sus reformas educativa y laboral reaccionarias y abarca tres aspectos principales: el sindical, el laboral y el estrictamente educativo, todos íntimamente relacionados entre sí.
 
El sindical
 
La crisis de los sindicatos no comenzó con la detención de la maestra Elba Esther Gordillo, ni mucho menos, inició desde hace ya más de 60 años cuando los líderes de los principales sindicatos nacionales, como la Confederación de Trabajadores de México (CTM) con Fidel Velázquez, abandonaron los principios del sindicalismo revolucionario para convertir a sus organizaciones en sindicatos blancos, incondicionales del gobierno o apéndices de algunos partidos políticos.
Los líderes dieron la espalda a principios tales como la lucha de clases, el internacionalismo proletario, la democracia y la autonomía sindicales, la unidad de la clase obrera, y a la participación en las luchas del pueblo y de la nación, fundamentales para que cualquier organización sindical se mantenga como una auténtica defensora de los intereses de sus agremiados y de los trabajadores mexicanos en general.
Lo anterior trajo como consecuencias el debilitamiento de los sindicatos; escandalosos niveles de corrupción entre los líderes; intervención en su vida interna por parte de los patrones, del gobierno a través del Poder Judicial, específicamente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y de los partidos políticos; nula o defectuosa democracia interna; división y enfrentamientos al interior de los mismos y dentro del movimiento sindical en su conjunto; pérdida paulatina de conquistas laborales históricas; disminución de los salarios y su aislamiento del resto del pueblo mexicano, entre muchas otras cosas.  
 
El laboral
 
Afectados en su nivel de vida, ingresos, prestaciones y derechos en general debido a las políticas neoliberales, a la crisis en la que se encuentra el movimiento obrero y a la reforma laboral reaccionaria recientemente aprobada, los maestros se enfrentan además a las afectaciones que a sus derechos laborales traerá consigo la reforma educativa privatizadora y antisindical de Peña Nieto, principalmente en cuanto a su derecho al trabajo y a la estabilidad laboral, pues quedará al criterio de un organismo gubernamental la permanencia o no de cualquier maestro en su puesto de trabajo con el pretexto de sospechosas “evaluaciones” a sus conocimientos y desempeño académico.
De esta manera, el Gobierno Federal y sus tres partidos, PRI, PAN y PRD, unidos en el llamado “Pacto por México”, tendrán un magnífico instrumento de presión para que los maestros y su sindicato acaten las políticas gubernamentales sin ningún tipo de resistencia u oposición, con la amenaza de que les pase lo mismo que a “La Maestra”.
 
El educativo
 
La educación en México, como la industria, el campo, el empleo, la salud, la seguridad pública y la economía en general, está en crisis, una crisis que tiene que ver con al menos tres aspectos fundamentales: el presupuesto educativo, su calidad y la orientación de la misma, y los maestros juegan un papel central en esta situación.
Así, aunque de acuerdo con datos oficiales, en México se gasta cerca del seis por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en educación (incluyendo la pública y la privada), también es cierto que es de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que invierten menos en educación por alumno de educación básica, inversión que finalmente no se refleja en un aumento en la calidad del sistema educativo.
Además, el promedio de estudio de los mexicanos es de nueve años y de 100 niños que ingresan a la educación básica, solo 13 se titulan, y de estos pocos, solamente una minoría obtiene un trabajo más o menos bien remunerado y relacionado con su profesión, lo que, junto con otros aspectos, da un panorama verdadero de lo mal que estamos en el renglón educativo.
La educación se ha privatizado a tal grado que hoy existen dos sistemas educativos paralelos en México: uno público y otro privado. El primero se aleja cada vez más del espíritu progresista del artículo 3º constitucional, y el segundo cuenta con apoyos cada vez más grandes por parte de los gobiernos neoliberales utilizando recursos públicos y viola permanentemente la Constitución, especialmente el artículo ya señalado.
¿Qué tipo de seres humanos debe formar el sistema educativo? ¿Qué clase de profesionistas y técnicos? ¿Qué tipo de médicos, artistas, psicólogos, historiadores, sociólogos y filósofos requiere el país? Esto tiene que ver con la orientación de la educación, y aunque la respuesta está en el propio artículo 3º constitucional, los neoliberales hacen caso omiso de éste y orientan sus esfuerzos a “formar” los obreros, técnicos y profesionistas que requiere el gran capital nacional y extranjero, y una economía subdesarrollada y dependiente de la norteamericana como la nuestra.
 
¿Son correctos los planteamientos y demandas de los maestros inconformes?
 
Considerando todo lo anterior, los maestros que se han manifestado en las calles tienen toda la razón cuando en su programa alternativo plantean demandas como la derogación de la reforma educativa y de sus leyes secundarias; no al cambio del régimen laboral del magisterio y respeto a los derechos plasmados en el Apartado B del Artículo 123 Constitucional, como la estabilidad laboral, plaza base, inamovilidad, salario remunerativo, etcétera, y su rechazo al Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE).
También es acertado cuando proponen una educación con las características que señala el texto original del artículo 3º constitucional: pública, laica, gratuita, obligatoria, integral y científica; la asignación del 12% del PIB a la educación y un debate nacional sobre la situación de la educación pública y las medidas para fortalecerla y mejorarla.
Tienen razón igualmente al asegurar que la reforma educativa propuesta por el gobierno es para privatizar; que se está imponiendo de manera violenta y conculca o elimina los derechos del magisterio, y que la educación es una conquista de la Revolución Mexicana que ellos van a defender.
 
¿Es acertada su estrategia de lucha?
 
Sin duda alguna, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto fueron impuestos en la Presidencia de la República por los grupos neoliberales y el imperialismo norteamericano a través de la violencia, el fraude, la compra de votos, la presión, la represión, el engaño y violando sistemáticamente la Constitución de la República, por lo que carecen de la autoridad moral para calificar de violentos y delincuentes a los maestros y a los trabajadores electricistas, por ejemplo, y en general a cualquiera que se manifieste en las calles en defensa de sus derechos.
Sin embargo, lo anterior no justifica cualquier estrategia de lucha de los maestros o de otros sindicatos y organizaciones en la defensa de sus legítimos derechos, aunque casi siempre los que caen en acciones violentas son provocadores profesionales y ajenos a los manifestantes, o una minoría que no representa la forma de actuar y de pensar de la inmensa mayoría.
En primer lugar es necesario que las organizaciones de trabajadores retomen los principios del sindicalismo revolucionario ya señalados para que empiecen a sumar victorias y no fracasos, y asuman nuevamente su papel de vanguardia en la lucha por la defensa de sus derechos, de los del pueblo y de la nación, como lo hicieran cuando Vicente Lombardo Toledano estuvo al frente del movimiento obrero.
Asimismo, sería útil reflexionar acerca de lo que señaló el mismo Lombardo Toledano en el sentido de que las huelgas no se hacen cada ocho días y en base a ello diseñar las estrategias adecuadas para no afectar más a la educación pública, para que los maestros sumen aliados entre los diferentes sectores de la sociedad, y se ganen la simpatía, el apoyo y la comprensión del pueblo de México respecto a sus justas demandas, que de hacerse realidad serían en beneficio no sólo de los maestros, sino del pueblo y de la nación en su conjunto.
Correo electrónico: a_babor@hotmail.com