jueves, 28 de febrero de 2013

¡No es lo que tú piensas!

Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ
 
Con respecto a las privatizaciones, los gobiernos neoliberales reaccionan como los hombres o las mujeres que son atrapados in fraganti en el acto de infidelidad y que solo atinan a decir: ¡No es lo que tú piensas! Cínicamente, los neoliberales traicionan la confianza del pueblo mexicano todos los días y ante la mirada de todo mundo, y a pesar de ser atrapados en flagrancia en el delito, repiten y repiten hasta como para convencerse a sí mismos: ¡No se está privatizando! ¡No se va a privatizar! Pero…
 
¿Se está privatizando o no Petróleos Mexicanos?
 
Sí, sin duda alguna y a pasos acelerados. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que entró en vigor en 1994, contiene compromisos implícitos de privatizar el petróleo y se han aprobado contrarreformas a la Ley de Energía con este mismo propósito.
La política petrolera de los gobiernos neoliberales, desde 1982, con Miguel de la Madrid, hasta el actual de Peña Nieto, ha sido equivocada porque prácticamente se limita a exportar petróleo crudo para aumentar las reservas estratégicas de nuestros vecinos del norte, en lugar de dar un valor agregado al petróleo mediante el impulso de la industria petroquímica en manos del Estado.
 
La industria petroquímica
 
En sucesivos decretos, de octubre de 1986, agosto de 1989, junio de 1991 y agosto de 1992 (claro, en los gobiernos de Miguel de la Madrid y de Salinas), se redujo, de los 70 productos que integraban la petroquímica básica reservada exclusivamente al Estado, a 34, 20, 19 y finalmente a ocho, respectivamente, abriendo así la posibilidad legaloide a la iniciativa privada, nacional y extranjera, de hacer negocios con esos productos antes reservados al Estado por su importancia estratégica: económica y política.
De esta manera, la mayoría de la llamada petroquímica secundaria quedó a disposición plena de los capitales extranjeros, beneficiándose empresas como CELANESE y CYPSA, subsidiarias de las trasnacionales BAYER y GOETCH; a la ALFA, de Monterrey, subsidiaria de la DUPONT y de la IMOND INCORPORATED, y a la MONSANTO. Aparte, PEMEX-Petroquímica, en sus filiales, permite la participación de particulares hasta en un 49 por ciento del capital.
 
Reestructuración y flexibilización laboral
 
Otro claro signo de la privatización de Petróleos Mexicanos (PEMEX) tiene que ver con un proceso de reestructuración y flexibilización laboral, que inició con la detención de Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, quien constituía un obstáculo para los planes neoliberales.
Dicho proceso consiste, entre otras cosas, en el aumento del personal de confianza en detrimento del sindicalizado, la disminución de salarios y de prestaciones laborales, y el despido de miles de trabajadores eventuales (30 mil durante el gobierno de Salinas).
Asimismo, se ha generado una reducción de la planta laboral de la paraestatal, que ha pasado de 200 mil trabajadores en 1981, a menos de la mitad en la actualidad.
 
La subcontratación y el incremento de la ineficiencia, la inseguridad y los accidentes de trabajo
 
Debido, entre otras causas, a que una cada vez más amplia gama de trabajos que realizaba PEMEX se han venido subcontratando a empresas privadas nacionales y extranjeras, a un mayor costo para la nación, se han reducido los estándares de eficiencia y seguridad, como ya se ha demostrado en los trágicos accidentes que han tenido lugar en la Sonda de Campeche, en los que han perdido la vida cientos de trabajadores, y en la reciente explosión ocurrida en la Torre de PEMEX de la ciudad de México, que dejó varias decenas de muertos y más de 100 heridos.
 
Los Contratos de Servicios Múltiples y otras estrategias
 
Además, a través de los llamados Contratos de Servicios Múltiples, y de muchas otras estrategias ilegales de este tipo, se ha favorecido la inversión ventajosa en nuestra industria petrolera por parte de las trasnacionales norteamericanas y las de otros países imperialistas, como la Halliburton.
Durante el gobierno de Miguel de la Madrid, por ejemplo, se privatizó la empresa Hules Mexicanos, filial de PEMEX, y se desincorporaron otras empresas filiales de la paraestatal, como CODESSA.
Con Salinas de Gortari, la fracturación de PEMEX en cuatro organismos descentralizados, PEMEX-Exploración y Producción, PEMEX-Refinación, PEMEX-Gas y Petroquímica Básica y PEMEX-Petroquímica, con personalidad y objetivos propios, con autonomía y con la facultad de celebrar convenios con particulares y hasta de suscribir títulos de crédito, ha sido también fundamental para los propósitos de su privatización paulatina.
 
Corrupción tolerada, reducción de su presupuesto y campañas de desprestigio
 
Finalmente, la enorme corrupción al interior de PEMEX, de la que se benefician las empresas privadas nacionales y extranjeras, la permanente sangría de los recursos que la paraestatal genera y que la deja sin los necesarios para su sano desarrollo (entre 1983 y principios de 1988 el presupuesto de inversión de PEMEX se había reducido en casi un 50 por ciento), y la campaña permanente de desprestigio en su contra, todo esto impulsado desde los propios gobiernos panistas y priistas neoliberales, han constituido parte importante del plan y la estrategia privatizadora.
 
¿No se venderá ni un solo clavo de PEMEX?
 
Así, aunque los neoliberales hayan dicho que “no se venderá un solo clavo de PEMEX”, si no se promueve su fortalecimiento y desarrollo, y se continúan otorgando concesiones a empresas petroleras privadas nacionales y extranjeras, la paraestatal acabará siendo una empresa obsoleta, sin peso real en la industria petrolera y quedará nulificada como impulsora del desarrollo nacional independiente del país.
 
La punta de lanza de la estrategia privatizadora
 
Sin embargo, la punta de lanza de esta estrategia privatizadora, no sólo de PEMEX, sino también de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y de la industria eléctrica en general, de la Seguridad Social y de la educación pública, consiste en la permanente reducción de los presupuestos asignados a ellas, en la promoción y tolerancia de la corrupción en las mismas por parte de los gobiernos neoliberales, y en la implementación de campañas de desprestigio en su contra, todo con el propósito de debilitarlas, hacerlas ineficientes a los ojos del pueblo mexicano, y así tener los pretextos perfectos y crear las condiciones para su total entrega a los grandes empresarios nacionales y a las trasnacionales.
 
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La detención de “La Maestra” y la democracia sindical
 
Por sus motivaciones, la detención de la dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, no es un acto de justicia, sino una advertencia del gobierno de ultraderecha de Peña Nieto contra los líderes sindicales y sindicatos en general, de lo que deben esperar si se atreven a contradecirlo aunque sea en lo más mínimo y a obstaculizar sus planes de privatizarlo todo.
A raíz de este acontecimiento, ahora resulta que el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo de la Nación, es decir, los diputados, senadores y Peña Nieto, se han convertido en los adalides de la democracia sindical.
Sin embargo, el pueblo mexicano sabe que la verdadera democracia sindical no se impone desde fuera, sino que es obra y fruto de la lucha y de la labor diaria y unida de los propios trabajadores en el seno de sus sindicatos.
Lo que se impone desde fuera, ya sea por los patrones, el gobierno o los partidos políticos, se asemeja más a un golpe de Estado por las consecuencias nefastas que genera en la vida interna de los sindicatos, y en los derechos y conquistas laborales.
Correo electrónico: a_babor@hotmail.com

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