sábado, 10 de marzo de 2012

Enormes y milenarios, los agravios contra la mujer.

La democracia solo para hombres es tan bárbara y tan incompleta como lo fue la democracia griega, basada en igualdad de derechos entre los miembros de una pequeña aristocracia, y en la ausencia completa de derechos para las grandes masas populares”. VLT

Por: Roberto ESCAMILLA PÉREZ.

Los agravios contra la mujer no son nuevos, son milenarios y muy graves, y no son producto de la maldad del sexo masculino, sino resultado de sociedades divididas en clase sociales, donde prevalecen la explotación, las injusticias y una desigual distribución de las riquezas.

Esclava y sierva

La humanidad ha transitado por cinco grandes etapas en su desarrollo histórico: la comunidad primitiva, la esclavitud, el feudalismo, el capitalismo y el socialismo.
La descomposición de la comunidad primitiva, en la que no existían clases sociales, ni propiedad privada sobre los medios de producción y donde los bienes se repartían equitativamente entre todos sus miembros, dio como resultado el surgimiento del esclavismo, que tuvo su auge en las antiguas Grecia y Roma, entre los siglos IV a.C. y IV d.C., aproximadamente.
Con la caída del esclavismo, principalmente después de la desaparición del Imperio Romano en el siglo V, surgió otro tipo de sociedad: el feudalismo, que predominó en la Europa Occidental entre los siglos IX y XV, durante la llamada Edad Media.
En nuestro Continente, y en lo que hoy es México, formas del esclavismo y del feudalismo surgieron desde la Conquista, en el siglo XVI, y dominaron nuestro país hasta los primeros años del siglo pasado.
Durante estos periodos de la historia de la humanidad, la inmensa mayoría de los seres humanos, salvo, claro, los esclavistas, terratenientes, señores feudales y la monarquía, fue totalmente excluida de la vida política y de los beneficios del desarrollo económico y cultural.
Entonces, la mujer fue esclava o sierva, o madre, hija, esposa o hermana de esclavos o siervos, durante aproximadamente 19 siglos, es decir, por cerca de mil 900 años, mientras que en lo que hoy es México lo fue por más de 400 años. ¡Cuántos sufrimientos padeció la mujer a lo largo de ese tiempo! ¡Cuánta hambre, miseria, injusticias y humillaciones! ¡Cuántos prejuicios acumulados que sobreviven hasta la actualidad!

Vicente Lombardo Toledano y la mujer mexicana

Hoy, cuando en el mundo predomina el régimen capitalista de producción, millones de seres humanos mueren todos los años por hambre o por enfermedades causadas por la desnutrición, millones carecen de empleo y no tienen acceso a la salud, a la educación, a la cultura, a la recreación y al deporte, y los pocos que tienen el “privilegio” de trabajar, lo hacen sin las mínimas prestaciones, en condiciones insalubres y por salarios de hambre, y como la mitad de la población está compuesta por mujeres, millones de ellas sufren también esta tragedia.
Vicente Lombardo Toledano, quien fue fundador del Partido Popular Socialista (PPS), líder obrero mundial y padre del sindicalismo mexicano (a quien los actuales líderes sindicales no le han aprendido nada), en su discurso titulado “Sin mujeres no hay democracia”, pronunciado el 10 de septiembre de 1947 en la Asamblea Femenil pro Partido Popular, dio a conocer los siguientes datos muy interesantes respecto a la situación de la mujer en aquella época.
En su discurso señaló que en 1940, la población total de México era de 19 millones 653 mil 552 habitantes. De éstos, nueve millones 695 mil 787 eran hombres y nueve millones 957 mil 765 mujeres.
Destacó además que “… la ocupación de los hombres y de las mujeres difiere de un modo profundo; los hombres están dedicados a las actividades productivas y las mujeres a las actividades improductivas”.
Precisó que en la agricultura, la ganadería, la silvicultura, la caza y la pesca, según el censo de 1940, 98.9 por ciento de los que trabajaban eran hombres y 1.1 por ciento mujeres.
En la extracción de minerales, comprendiendo en esta rama la minería del carbón de piedra, petróleo, salinas, etc., el 98.8 por ciento eran hombres y 1.2 por ciento mujeres. En las industrias manufactureras o de transformación, 88.7 por ciento hombres y 11.3 por ciento mujeres.
En las comunicaciones y transportes en general, 99.1 por ciento eran hombres y 1.9 por ciento mujeres. En el comercio la proporción era de 82.5 por ciento para los hombres y 17.5 por ciento para las mujeres.
En la administración pública, comprendiendo todas las ramas y servicios del gobierno, el 88 por ciento eran hombres y 12.0 por ciento mujeres. En las profesiones liberales la proporción era del 90.7 por ciento para los hombres y 9.3 por ciento para las mujeres.
En trabajos domésticos la proporción era de 0.9 por ciento para los hombres y 99.1 por ciento para las mujeres. En ocupaciones no especificadas, 87.5 por ciento eran hombres y 12.5 por ciento mujeres.
“A esta participación casi nula de las mujeres de nuestro país, en la vida económica de la nación, corresponde una situación política semejante: las mujeres carecen, hasta hoy, de derechos cívicos. Es decir, no participan en la vida política de la nación”, dijo Lombardo Toledano.

La situación de la mujer en la actualidad

La mujer logró el derecho a votar y a ser votada hace apenas 59 años, en 1953, y gracias a los avances que trajo para nuestro país la Revolución Mexicana iniciada en 1910 y la aplicación de la Constitución de 1917, junto con el resto del pueblo mexicano vio elevado su nivel de vida y ampliadas sus perspectivas de participación política.
Sin embargo, a partir de la llegada al poder de los neoliberales, primero con Salinas de Gortari en 1988 y después con el Partido Acción Nacional (PAN), en el 2000, la situación del país se ha deteriorado en todos los aspectos hasta grados antes inimaginables y el pueblo trabajador mexicano todo, incluidas las mujeres, han visto disminuir de manera dramática su nivel de vida al grado de que, de acuerdo a cifras conservadoras, hoy más de 80 millones de mexicanos vivimos sumidos en la pobreza.
En estas circunstancias, y con la derecha panista en el Gobierno Federal, la mujer mexicana se aleja aún más de alcanzar la igualdad de derechos y oportunidades respecto al hombre, y para demostrarlo solo basta echar un ojo a los siguientes datos.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), en el 2010 éramos 114 millones 259 mil 114 habitantes, de estos 55 millones 76 mil 856 eran hombres (48.2 por ciento) y 59 millones 182 mil 258, mujeres (51.8 por ciento).
De una población económicamente activa ocupada de 47 millones 836 mil 56 personas, 61.5 por ciento eran hombres y 38.5 mujeres.
En el sector primario de la economía (agricultura, pesca, ganadería y minería) trabajaban seis millones 668 mil 539 personas, de éstas el 87.1 por ciento eran hombres y el 12.9 por ciento mujeres.
En el sector secundario (industria) laboraban 11 millones 182 mil 195 personas, de las cuales el 74.5 por ciento eran hombres y el 25.5 por ciento mujeres.
Finalmente, en el terciario (servicios y comercio) se ocupaban 29 millones 647 mil 547 personas, de las que el 50.8 eran hombres y 49.2 por ciento mujeres.
Por otra parte, en la administración pública federal (panista) trabajaban 92 mil 261 personas, de éstas, el 72.6 por ciento eran hombres y solamente el 27.4 por ciento mujeres.
Asimismo, al 25 de julio del 2011, la Cámara de Diputados, en su actual LXI Legislatura, estaba formada por un total de 499 legisladores, de los cuales 360 eran hombres y únicamente 139 eran mujeres.
Por último, el Senado de la República, en su actual LXI Legislatura, al 25 de julio del 2011 estaba integrada por 125 senadores, de ellos 97 eran hombres y solo 28 mujeres.
Entonces es claro el enorme rezago económico, político y social que sufre la mujer en nuestro país, esto sin considerar muchísimos más aspectos que la afectan, y además que las mujeres de la clase trabajadora, que son la inmensa mayoría de las mujeres mexicanas, carecen de representación auténtica en el Poder Legislativo de la nación porque en él solo están representadas las de la pequeña y de la gran burguesía, que en esencia defienden otros intereses.

Los problemas de la mujer

De esta manera podemos observar cómo los problemas de la mujer no son ajenos al sistema en el que vive y que la mayor parte de ellos son generados por el mismo, incluidos los relacionados con los prejuicios y discriminación por cuestiones de género que en cada época histórica han existido.
Por todo ello, sin duda, a pesar de que todos, hombres y mujeres, sufrimos en la actualidad por un gobierno totalmente opuesto a los ideales de la Revolución Mexicana iniciada en 1910, por las políticas económicas neoliberales y por el desempleo, la pobreza, la inseguridad, la violencia, etc., que dichas políticas han generado, la mujer tiene sus problemas y demandas específicas.
Las mexicanas, para superar su actual situación requiere de una Secretaría de la Mujer que atienda específicamente sus problemas, tales como su necesidad de atención integral durante el embarazo, hasta el parto, y sus problemas de salud particulares; el establecimiento de guarderías para la mujer que trabaja; la no discriminación en el trabajo en razón de su sexo; tener acceso real a la educación; vivir en un ambiente familiar sin violencia; tener derecho a un trabajo digno, no obligada a ejercerlo por su necesidad, como actualmente sucede, sino como una decisión de la propia mujer por superarse y contribuir al bienestar de su familia; así como tener pleno acceso a la participación política en condiciones de igualdad, entre otras.

Su verdadera liberación

La mujer mexicana ha jugado un papel de primera importancia a lo largo de la historia de México, destacando entre ellas personalidades como Sor Juana Inés de la Cruz, Doña Josefa Ortiz de Domínguez, Carmen Serdán o las soldaderas durante la Revolución Mexicana, entre muchas otras.
Siguiendo su ejemplo, mediante una lucha constante y tenaz al lado de las mejores fuerzas del país, la mujer, junto con el hombre, puede aspirar a tener una vida más digna en el seno de nuestra sociedad, no hay duda.
Sin embargo, su verdadera liberación vendrá cuando en nuestro país construyamos, hombres y mujeres, sin distinción, sin prejuicios o discriminación alguna, una sociedad más justa, donde las riquezas se repartan más equitativamente y donde los mexicanos, sin aislarnos del resto del mundo, seamos realmente dueños de nuestro propio destino y de nuestras riquezas naturales, sin que otros gobiernos o países más poderosos que el nuestro nos saqueen, obstaculicen o deformen nuestro desarrollo. Correo electrónico: a_babor@hotmail.com
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