martes, 1 de diciembre de 2009

Las huelgas en México



(Fragmento del libro México visto en el siglo XX: entrevistas con Vicente Lombardo Toledano, de James W. Wilkie y Edna Monzón de Wilkie)

Wilkie: Usted acaba de decir que Cárdenas era el único candidato posible en esos momentos, y también que había un gran número de huelgas. Según la estadística en 1923 hubo 7 huelgas, y en 1935 hubo 642. ¿Quiere esto decir que Cárdenas fomentó las huelgas?

Lombardo: Cárdenas lo único que dijo durante su gira electoral, fue que haría cumplir la Constitución, el artículo 27 impulsando la Reforma Agraria; reconocer los derechos de la clase obrera, etcétera; cumplir la Constitución, que en muchos sentidos sólo existía jurídicamente, pero que en la práctica era un cuerpo inoperante y muerto. En otras palabras, el general Cárdenas ofreció que la Revolución continuaría, y claro, al oír la clase obrera y campesina esas promesas, el llegar Cárdenas al poder todo el mundo se puso inmediatamente en marcha. Eso fue lo que ocurrió. No había huelgas, en efecto. ¿Por qué? Porque no había justicia. Los tribunales del trabajo no reconocían los derechos de la clase obrera. Había muchas vacilaciones y dudas. Y cuando llegó Cárdenas, por supuesto, la clase obrera empezó a exigir mejores salarios condiciones de existencia, y por eso fuimos a las huelgas. No porque Cárdenas hubiera prometido nada, sino simplemente porque prometió cumplir con la Constitución e impulsar adelante la Revolución.

Wilkie: ¿Y eso les permitió actuar?

Lombardo: Sí, creó un clima favorable y actuamos.

Wilkie: ¿Usted cree que es posible hacer un gran número de huelgas satisfactorias, si el gobierno no les permite actuar dentro de sus derechos?

Lombardo: Si el gobierno viola la ley y con cualquier pretexto declara las huelgas ilegales, es muy difícil que las huelgas triunfen. Pero, por otra parte también, si la clase obrera está dividida no logra nada. En aquellos momentos, al crearse la CTM, nosotros éramos una fuerza importante en la República, muy importante. Claro que por esa fuerza que representábamos también el gobierno se veía obligado a reconocer nuestros derechos. Era una cosa recíproca: es decir, el gobierno bien orientado, bien intencionado, y nosotros muy fuertes.

Wilkie: Parece que en 1928 no había oportunidad de lanzar una huelga.
Lombardo: No, al contrario. El general Abelardo L. Rodríguez había dicho que las huelgas eran antipatrióticas en tiempo de crisis, y como estábamos en la crisis económica internacional que había surgido en Estados Unidos, produciendo la Depresión que se inició en 1929-1930, entonces yo le contesté diciendo que en tiempos de crisis, si las huelgas son antipatrióticas, había que reconocer que desapareciera el régimen capitalista para que hubiera huelgas buenas…

Wilkie: Cárdenas después de 1938 lanzó un manifiesto para advertir que era un peligro ya admitir las huelgas, ¿no?

Lombardo: No fue así. El general Cárdenas dijo que todas las huelgas eran útiles en tanto se realizaran dentro del marco de la ley, y que no había ninguna huelga ilegal que pudiera ser útil tampoco a los trabajadores. Pero helecho es que las grandes huelgas de la historia de México fueron en aquella época. Yo personalmente las dirigí, y no perdimos una sola huelga. Todas las huelgas fueron bien fundadas legalmente, bien preparadas, bien dirigidas y alcanzamos la victoria.
… Al llegar Cárdenas al gobierno y durante su campaña electoral, la clase trabajadora se movilizó con gran fuerza y esperando que su victoria electoral permitiese que se cumpliera con algunos ofrecimientos hechos a los trabajadores, y así ocurrió. Las huelgas más importantes que ha habido en México hasta hoy, desde que la Revolución triunfó, fueron justamente las huelgas de la etapa de Cárdenas. ¿Por qué razón? En primer lugar porque la clase obrera se unificó. Formamos la CTM en el año de 1936. En segundo lugar, porque le dimos a la CTM el carácter de organismo de combate, de lucha, que nunca había tenido. Y en tercer término porque unificada la clase obrera tratamos de conseguir contratos colectivos de trabajo en las ramas industriales más importantes del país: electricidad, petróleo y otras más.
La primera huelga de verdadera resonancia en México fue la huelga de los obreros electricistas, al iniciarse el gobierno de Cárdenas, agrupados en el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Por la primera vez la ciudad de México quedó a oscuras durante una semana aproximadamente y se suspendieron todos los servicios, excepto los de emergencia: el bombeo de agua potable, los servicios de hospitales, etcétera. Preparamos muy bien la huelga. La compañía afirmaba que no tenía recursos para poder aceptar las demandas de los trabajadores; pero nosotros demostramos que la compañía había recobrado su capital invertido varias veces y que había logrado grandes ganancias. El movimiento fue cuidadosamente preparado no sólo en el sentido de la suspensión de labores, sino del apoyo solidario que debían recibir los huelguistas, porque una suspensión de labores en un servicio público molesta a la gente si se la priva del servicio. Entonces nosotros hicimos una gran campaña entre la población del Distrito Federal, demostrando que la compañía tenía una actitud injusta y, en cierta forma, rebelde en contra de los derechos de la clase trabajadora establecidos en la Constitución del país. Además como al suspenderse la energía eléctrica tenían que paralizarse todas las fábricas, conseguimos la solidaridad de los obreros.
Cuando se produjo la huelga había una gran simpatía para la causa de los trabajadores electricistas. Recuerdo que nuestra preparación fue tan firme, tan sólida, que yo convoqué a todos los extranjeros que se hallaban en la ciudad de México –turistas norteamericanos en su gran mayoría— para explicarles por qué íbamos a suspender el servicio eléctrico, y se realizó el acto en el cine de la Avenida Madero. Fueron más de trescientos norteamericanos y les explicamos, les enseñamos los libros de la empresa, sus ganancias, la forma en que habían recobrado su capital y aún de ellos recibimos el apoyo de carácter moral.
Nunca antes se había suspendido el servicio eléctrico en la capital de la República, y el general Cárdenas estaba, por supuesto, un poco inquieto y le sugerí: váyase usted de la ciudad de México, y déjenos solos aquí, porque de otro modo usted va a recibir muchas presiones de todas partes. Y se fue. Entonces quedamos solos y resolvimos el conflicto obligando a la empresa a aceptar las demandas de los trabajadores.
La otra gran huelga, ya se sabe, fue la que preparamos en 1937, en las empresas del petróleo. Durante más de medio año estuvimos conversando con los representantes de la Compañía Royal Dutch Shell y de las compañías norteamericanas, hasta que fue imposible llegar a un convenio y después estalló la huelga. También esta huelga fue cuidadosamente preparada no sólo desde el punto de vista de nuestros documentos y pruebas de la recuperación del capital invertido por las empresas, sino también con el apoyo solidario de los trabajadores de todo el país y de muchos sectores de la sociedad mexicana.