sábado, 9 de noviembre de 2013

La madre de todas las reformas.

“La propiedad y el dominio de todas las riquezas y recursos naturales corresponden a la Nación, y este dominio es directo, inalienable e imprescriptible”.

Por Roberto Escamilla Pérez

Son varias las llamadas “reformas” que desde hace ya algunos años intentan imponer los gobiernos neoliberales priistas y panistas, como la reforma laboral, la educativa, la fiscal, la política, la de la Seguridad Social y la energética, entre otras, pero es ésta última, la energética, a la que podríamos llamar “la madre de todas las reformas” porque, sin restarle importancia al resto, es tan peligrosa la que propone Peña Nieto que podemos asegurar sin temor a equivocarnos que con ella todo está en juego, no sólo la educación pública y la Seguridad Social, sino el futuro de México como nación independiente, así como nuestro bienestar y el de las próximas generaciones de mexicanos, y el peligro de que nuestro remedo de democracia se convierta en un régimen con rasgos fascistas, ya que lo que plantea el gobierno neoliberal es una verdadera contrarreforma a los artículos 27 y 28 constitucionales.

El contenido del 27 constitucional

En particular, el artículo 27 señala que: “La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites del territorio nacional corresponde originariamente a la Nación, la cual ha tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares constituyendo la propiedad privada”.
“La Nación tendrá en todo tiempo el derecho de imponer a la propiedad privada las modalidades que dicte el interés público… con objeto de hacer una distribución equitativa de la riqueza pública, cuidar de su conservación, lograr el desarrollo equilibrado del país y el mejoramiento de las condiciones de vida de la población rural y urbana”.
“Corresponde a la Nación el dominio directo de todos los recursos naturales de la plataforma continental y los zócalos submarinos de las islas; de todos los minerales… los productos derivados de la descomposición de las rocas, cuando su explotación necesite ser utilizadas como fertilizantes; los combustibles minerales sólidos; el petróleo y todos los carburos de hidrógeno sólidos, líquidos o gaseosos, y el espacio situado sobre el territorio nacional, en la extensión y términos que fije el derecho internacional”.
“En los casos a que se refieren los dos párrafos anteriores, el dominio de la Nación es inalienable e imprescriptible…”
“Corresponde exclusivamente a la Nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tenga por objeto la prestación del servicio público. En esta materia no se otorgarán concesiones a los particulares y la Nación aprovechará los bienes y recursos naturales que se requieran para dichos fines”.
En resumen: la propiedad y el dominio de todas las riquezas y recursos naturales, incluyendo el petróleo, el gas y sus derivados, así como el de la energía eléctrica, corresponde a la Nación, y este dominio es directo, inalienable e imprescriptible. Más claro imposible.

Su significado e importancia

Los artículos 27 y 28 constitucionales, antimperialistas por su origen y contenido, reflejaron la conciencia que ya existía entre los mexicanos de que sin nuestros recursos naturales sería imposible construir una nación independiente y soberana, fuerte y respetada en el ámbito internacional, con un pueblo sano, bien alimentado, y con acceso a la educación y a la cultura.
Gracias a la estricta aplicación de dichos mandatos por parte de gobiernos como el de Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos, se creó y desarrolló un fuerte sector estatal de la economía, formado, hasta mediados de los años ochenta, por miles de empresas del Estado, y complementado con un sistema educativo y de seguridad social públicos, únicos en su tipo en el mundo capitalista.
Lo anterior permitió, en primer lugar, el desarrollo de una auténtica industria nacional a la sombra de las empresas del Estado y, en segundo lugar, la elevación constante del nivel de vida del pueblo, a grado tal que el promedio de vida pasó de menos de 34 años (en 1930), a los más de 75 años que en promedio vive un mexicano en la actualidad.

Treinta años de violaciones a la Constitución

Pero a pesar de que la Constitución es clara y se los prohíbe, violándola y utilizando toda especie de argucias legaloides y “reglamentaciones secundarias”, desde hace más de 30 años los gobiernos neoliberales priistas y panistas empezaron a vender, a malbaratar y a poner en manos de las gran burguesía nacional y de los monopolios norteamericanos las riquezas naturales y las empresas del Estado creadas por el pueblo mexicano, tales como las minas, la industria del acero, los ferrocarriles, la telefonía, puertos, aeropuertos, líneas aéreas, los fertilizantes, carreteras, ingenios azucareros, la propia tierra como resultado de la privatización del ejido, una buena parte de la industria petrolera, como la petroquímica, y otro tanto de la industria eléctrica, entre muchas otras.

Sus resultados

Para el pueblo mexicano, todo este saqueo no tuvo los beneficios prometidos por los gobiernos neoliberales, y los resultados están a la vista: desempleo; bajos ingresos; pobreza y miseria; desnutrición y sus múltiples enfermedades asociadas; insalubridad y falta creciente de los servicios públicos esenciales; déficit de vivienda; disminución del 80 por ciento del poder adquisitivo del salario en los últimos años; carestía de la vida, y como resultado de todo lo anterior, incremento de las adicciones, de la violencia, de la criminalidad y de la inseguridad pública a grados antes insospechados.
Para la Nación, los efectos han sido pérdida de soberanía e independencia respecto a nuestro vecino del norte; una política exterior entreguista y contraria a la que mandata la Constitución; desaparición acelerada de la pequeña y mediana industria y comercio auténticamente nacionales; entrega de parte de nuestro territorio a particulares nacionales y extranjeros (como las playas y los ejidos, por ejemplo), y una cada vez más injusta distribución de la riqueza, surgiendo, por un lado, una nueva “casta divina” encabezada por Carlos Slim, y, por el otro, una masa de 80 millones de mexicanos viviendo en condiciones de pobreza o de miseria.   

Lo que nos queda

Hoy, de todo lo que estaba en manos del pueblo mexicano a través de las empresas del Estado, lo único que nos queda es una parte importante del petróleo y de la electricidad, la educación pública y la Seguridad Social, y parémosle de contar, pero son los recursos energéticos los que, de seguir contando con ellos como patrimonio del pueblo de México, nos van a permitir corregir el rumbo por el que nos han llevado los neoliberales y enfilarnos nuevamente por el camino del progreso, la independencia y la auténtica democracia, que es aquella en la que realmente esté representada la clase trabajadora mexicana en los órganos y Poderes del Estado.
Entonces, la iniciativa de Reforma Energética de Peña Nieto, que se sabe puede “radicalizarse” más hacia la derecha por la alianza que éste promueve con el Partido (de) Acción Nacional (PAN) y con empresarios como Carlos Slim y Emilio Azcárraga, propone cambios a la esencia y a los principios de dichos artículos, cuando, como ya lo vimos, constituyen la base del desarrollo económico independiente del país, del mejoramiento del nivel de vida del pueblo, de nuestra soberanía nacional y de nuestra integridad territorial, es decir, garantizan la existencia misma de México como Nación y el bienestar de los mexicanos.

La más importante de todas las batallas

Así, queda claro que defender el petróleo y la electricidad que se encuentran en manos del Estado, y evitar que se apruebe la contrarreforma energética que propone Peña Nieto, es la más importante de todas las batallas, y debemos darla unidos.
Por ello es importante fortalecer la alianza de todos los mexicanos progresistas y sus organizaciones políticas, obreras, campesinas, estudiantiles, profesionales, científicas, culturales y populares, incluyendo por supuesto a los maestros y a los trabajadores de la salud, así como a todas aquellas personalidades que en lo individual deseen sumarse, sin descartar a nadie, porque dadas las circunstancias, todos y cada uno de nosotros somos insustituibles en esta lucha.
Correo electrónico: a_babor@hotmail.com