sábado, 17 de noviembre de 2012

¿Y dónde están los revolucionarios?

Por: Roberto ESCAMILLA PÉREZ

A 102 años del inicio de la Revolución Mexicana y después de la aprobación de la contrarreforma laboral por parte de las Cámaras de Diputados y de Senadores, muchos nos preguntamos ¿dónde están hoy los revolucionarios?, ¿existen aún en la realidad política actual del país o ya sólo se les puede ver en los museos de Historia y en los monumentos de las calles y avenidas de nuestro querido México? Cada quién puede tener su propia respuesta, pero una cosa es clara: no hay uno solo de ellos en el Poder Legislativo de la nación, ni en el resto de los órganos de poder del Estado.

Los revolucionarios de ayer

La Revolución Mexicana iniciada en 1910 fue una revolución popular, democrático-burguesa, antifeudal y antimperialista, que tuvo como objetivos la destrucción del régimen latifundista representado por la dictadura porfirista, el logro de nuestra independencia económica y política plena, la elevación constante del nivel de vida del pueblo y la ampliación del régimen democrático.
Fue encabezada por la naciente burguesía mexicana, en ese momento revolucionaria, destacando personajes como Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón, con la participación de las masas populares guiadas por revolucionarios de la talla de Francisco Villa, Emiliano Zapata y los hermanos Flores Magón, entre otros.
Nuestro país contó con gobiernos revolucionarios hasta los regímenes de Lázaro Cárdenas del Río y Adolfo López Mateos, los posteriores (a excepción del de Miguel Alemán, que fue abiertamente reaccionario), hasta el de José López Portillo, fueron gobiernos progresistas, nacionalistas, aún con todas sus debilidades y hasta traiciones que cometieron en contra de los principios de la Revolución Mexicana.

Los reaccionarios de hoy

Sin embargo, a partir de 1982, con el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, la Revolución Mexicana fue traicionada desde Palacio Nacional, y la reacción, la derecha, los neoliberales, se hicieron del poder, conservándolo hasta la actualidad con lo que será el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Así, en sus primeras etapas, como Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y como Partido Nacional Revolucionario (PNR), el Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue verdaderamente revolucionario, pero a partir también de 1982, sus dirigentes nacionales traicionaron francamente sus orígenes, abandonaron la doctrina del nacionalismo revolucionario y adoptaron la del neoliberalismo, y aplastaron a las corrientes nacionalistas en su seno.

Las fuerzas progresistas de hoy

Uno de los resultados de la derechización del PRI fue la salida de su seno de una gran cantidad de elementos progresistas de la pequeña burguesía nacional encabezados por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que organizaron partidos políticos como el de la Revolución Democrática (PRD) y Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano), o que fueron a dar a las filas de otras organizaciones, como el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) y el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), después Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN), ya desaparecidos, o como el actual Partido del Trabajo (PT).
Está claro entonces que el PRI y el gobierno, desde hace muchos años dejaron de ser revolucionarios, ¿pero son el PRD, PT y MC, partidos auténticamente revolucionarios?, ¿son sus dirigentes verdaderamente de izquierda?
Sin querer restarles méritos, especialmente a los dirigentes más firmes y consecuentes, y a las bases de dichos partidos, debemos decir que no son de izquierda ni revolucionarios y que sus líderes son elementos de la pequeña burguesía o burguesía nacionalista, que, como lo señalaba Vicente Lombardo Toledano, dependiendo de la correlación de fuerzas pueden abandonar sus tendencias progresistas y adoptar posiciones francamente reaccionarias, y hasta llegar a hacer causa común con la derecha, como se ha comprobado en múltiples ocasiones.

La verdadera izquierda y la Revolución Mexicana

Hoy, los auténticos revolucionarios y la verdadera izquierda moderna es la que se propone la abolición del régimen capitalista, de la propiedad privada sobre los medios de producción y de la explotación del hombre por el hombre, para construir una sociedad sin clases sociales en la que las personas tengan mejores condiciones de vida y desarrollen de manera plena todos sus potenciales, en beneficio propio y en el de la sociedad en su conjunto.
Para el logro de dichos objetivos, la izquierda desarrolla y aplica una línea estratégica y táctica acorde a las condiciones del país, y defiende los intereses concretos, mediatos e inmediatos, del pueblo y de la nación, proponiendo reformas y políticas progresistas, para lo cual impulsa la unidad de todas las fuerzas democráticas sin descartar a ninguna, por insignificante que parezca.
Así, en nuestro país la verdadera izquierda moderna surgió con el nacimiento de dos partidos políticos: el Partido Comunista Mexicano (PCM), fundado en 1919, y el Partido Popular Socialista (PPS), que vio la luz en 1948.
El primero, el PCM, fue perdiendo su carácter de partido de la clase obrera al transformarse en el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) y después en el Partido Mexicano Socialista (PMS), que, encabezado por un personaje gris como lo fue Heberto Castillo Martínez, cedió su registro para la formación del ya mencionado PRD.
Por su parte, el PPS, partido fundado por Vicente Lombardo Toledano, genial líder obrero nacional e internacional, y destacado marxista-leninista mexicano, ha sido obligado por la ola neoliberal a existir prácticamente en la clandestinidad al habérsele arrebatado el registro en 1997 como partido político nacional y al serle negado posteriormente a pesar de haber cubierto todos los requisitos legales para recuperarlo.
A pesar de ello, el PPS, con enormes esfuerzos y sacrificios de sus militantes y de su dirigencia encabezada por Manuel Fernández Flores, y sin recursos económicos, se ha mantenido como un verdadero partido de izquierda, fortaleciéndose permanentemente y contribuyendo con sus humildes esfuerzos a la unidad de las fuerzas democráticas, patrióticas y progresistas para sacar del poder a los neoliberales priistas y panistas, y para que la Revolución Mexicana regrese a Palacio Nacional, objetivos que deben abrazar todos aquellos individuos, partidos u organizaciones auténticamente progresistas y revolucionarias.

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El PAN, ¿sindicalista?

Sorprendentemente, y en medio de la discusión de la reforma laboral, el pasado martes 16 de octubre, en el diario La Jornada, el Partido (de) Acción Nacional (PAN) publicó un manifiesto titulado “Por la libertad de los trabajadores”, y decimos sorprendentemente porque ¿desde cuándo el PAN, la derecha, se preocupa por la “libertad” y el bienestar de la clase trabajadora mexicana?, ¿desde cuándo el PAN se convirtió en sindicalista?
En dicho desplegado de prensa, el PAN se pronuncia por el “voto libre y secreto” al interior de los sindicatos para la elección de sus líderes, esto con la clara intención de disputarle al PRI el control de los mismos mediante la compra de votos, la corrupción, la represión y las amenazas, en lo que ya son expertos gracias a que han aplicado estos mismos métodos en los procesos electorales, en los que han perpetrado fraudes descomunales a la vista de todo el mundo.
El PAN piensa en sus propios intereses, nunca en los de la clase trabajadora, y su posición respecto a la democracia sindical constituye una burla a la inteligencia de la clase trabajadora mexicana. Lástima que dirigentes, diputados y senadores de partidos que se dicen de izquierda hayan caído en su juego una vez más, aunque finalmente los panistas los dejaran “colgados de la brocha”, como siempre.
Correo electrónico: a_babor@hotmail.com