martes, 6 de julio de 2010

El voto inútil.

Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ.

Nunca antes, en el México contemporáneo, habían tenido lugar procesos electorales tan absurdos, sin contenido y sin rumbo, como los del pasado 4 de julio, a tal grado que podríamos decir que, por desgracia, el voto emitido por miles de mexicanos en diversos estados de la República fue inútil, en el sentido de que no tiene ni la más mínima posibilidad de traducirse en mejorías para el pueblo y la nación mexicana.
Alianzas absurdas y vergonzosas entre la derecha y los que se autodenominan de izquierda, que sólo crearán confusión y desaliento, candidatos corruptos, sin principios, sin ligas con el pueblo, y carentes de un programa progresista y antineoliberal, y líderes de partido que actuaron sin moral alguna, fueron las características principales en estas elecciones.
El 4 de julio ganaron los neoliberales de dentro y de fuera del gobierno, de uno y otro bando, de uno y otro partido, no el pueblo mexicano. Ganó la mercadotecnia, la maniobra, la demagogia, la corrupción, la mentira, la aventura. Triunfó el poder económico de la oligarquía que nos gobierna y sus candidatos, que no tuvieron adversarios políticos, mucho menos ideológicos.
Fue una elección de candidatos únicos, dada su ideología. Fue un proceso electoral al más puro estilo norteamericano, donde compiten solamente los candidatos que representan los intereses de unos y otros monopolios trasnacionales en pugna por ser los únicos en continuar enriqueciéndose gracias a los sufrimientos de los pueblos del mundo, proceso en el cual el pueblo trabajador norteamericano carece por completo de participación y representación.
Se dice que fueron derrotados viejos cacicazgos en Puebla y Oaxaca. Seguramente sí, pero ¿por quiénes y para qué? ¿Para establecer nuevos? Lo que es un hecho es que el cacicazgo neoliberal, que ya cuenta con 28 años de vida, salió sin duda fortalecido gracias a la complicidad de individuos sin moral y sin principios como Jesús Ortega, del Partido de la Revolución Democrática (PRD).
La sensación que queda en millones de mexicanos progresistas y conscientes es de un gran vacío y de enorme decepción, que deberá traducirse en buscar para las elecciones presidenciales del 2012, de manera resuelta, decidida y sin prejuicios, la formación de un gran frente de las fuerzas progresistas y antineoliberales, lo más amplio posible, para derrotar de manera definitiva a la derecha de dentro y de fuera del gobierno, y al grupo de aventureros que organizaron el gran circo del pasado 4 de julio: una enorme afrenta contra el pueblo mexicano.
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