miércoles, 19 de noviembre de 2008

REVOLUCIÓN MEXICANA Y CRISIS

Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ.

“El imperialismo, en realidad, no reconstruye ni puede reconstruir el capitalismo de arriba abajo… no puede suprimir el cambio, el mercado, la competencia, las crisis, etc.”. V.I. Lenin.

La explicación es simple: México está en crisis porque quienes nos gobiernan desde hace 26 años se apartaron del camino abierto por la Revolución Mexicana iniciada en 1910. La solución a la crisis es entonces también sencilla: retomar ese camino. No hay otra.

Crisis: virus endémico del capitalismo.

Los “intelectuales” a sueldo de los monopolios, recurriendo a los clásicos de la economía y la filosofía burgueses, tratan de confundir al pueblo y esconder las verdaderas causas de la profunda crisis económica que el sistema capitalista mundial enfrenta, asegurando que se debe a “errores” y que con algunos “ajustes” y “controles” se resolverá y se evitarán nuevas: el viejo sueño de un “capitalismo sin crisis”.
Pero aquí una breve relación de estos fenómenos que nos recuerdan de cuando en cuando, y de manera cada vez más frecuente y contundente, que el capitalismo no es eterno.
La primera gran crisis ocurrió en Inglaterra en 1825. La de 1836 abarcó Inglaterra y los Estados Unidos. La primera crisis mundial ocurrió en 1847-1848, en Inglaterra, Estados Unidos y Europa. La crisis de 1857 afectó a los principales países de Europa y América, pero fue la de 1873 la más profunda de ellas en el siglo XIX.
La primera del siglo pasado inició en Rusia, de 1900 a 1903, pero la mayor y más conocida fue la de 1929-1933, que inició en los Estados Unidos y se extendió por todo el mundo, siguiéndole muchas más en los años posteriores.
Así, la que vivimos en estos días es la primera gran crisis del sistema capitalista mundial del siglo XXI, cuando a éste ya se le daba por invulnerable y eterno debido a la desaparición del campo socialista, al llamado “fin de la historia”, a la Revolución Científico-Técnica, a la “globalización” y al mágico “libre mercado”.
Pero en realidad crisis y capitalismo son inseparables, es un virus que lo acompañará hasta su muerte, que esperamos sea pronto antes de que el capitalismo termine con la humanidad.

Una explicación que tiene 150 años y una salida que cumplirá 100.

Hace ya cerca de 150 años, Marx y Engels explicaron que la contradicción entre el carácter cada vez más social de la producción y la forma privada, capitalista, de apropiación de los productos, contradicción fundamental del capitalismo, constituye la base de las crisis económicas.
Y es verdad, pues mientras cada vez un mayor número de personas en el mundo participan y se interrelacionan en el proceso de producción de mercancías, en su búsqueda de ganancias los enormes monopolios capitalistas imponen sus condiciones a las empresas no monopólicas, haciéndolas finalmente quebrar, pasando sus propietarios a las filas de la clase trabajadora y absorbiendo los primeros su capital, concentrándose fabulosas cantidades de riqueza en cada vez menos capitalistas, en la depredadora oligarquía financiera.
Mientras esto ocurre, aumenta la masa de trabajadores desocupados y los sufrimientos de los pueblos del mundo, que no cuentan con recursos para adquirir las millones de mercancías que se exhiben en los aparadores, activándose así el virus de la crisis una y otra vez.
Es decir, aunque millones de personas no tengan para comer, vestirse, calzarse o requieran de medicamentos o vivienda, industrias completas desaparecen y son destruidos toda clase de productos y mercancías que alcanzarían para satisfacer las necesidades de todos los habitantes del planeta, todo para restablecer el equilibrio perdido por el sistema.
Con las crisis surgen también los “espontáneos”, como en los toros, que le buscan afanosamente una salida inventando “sistemas” de la nada. Así surgieron las ideas del “capitalismo popular”, del “capitalismo social”, del “capitalismo con rostro humano”, de la “tercera vía” y hoy la del “nuevo capitalismo” o “capitalismo renovado”, con sus “regulaciones” o “controles”, promovido por los gobiernos de los países desarrollados. El genio de Calderón, por su parte, propone una “nueva ingeniería” y un “plan anticíclico” para “capotear” la crisis.
Pero el toro los cogerá finalmente por pretender una salida que sacrifique a los pueblos del mundo y proteja a la gran burguesía nacional y trasnacional.

El carácter de la Revolución Mexicana de 1910.

Los inteligentes, valientes y avanzados hombres y mujeres que encabezaron la Revolución Mexicana iniciada en 1910 y las masas de campesinos, indígenas y obreros que los siguieron, conocieron y sufrieron los efectos negativos de los cimbrones económicos que periódicamente sacudían a los Estados Unidos y demás países capitalistas del mundo.
Por lo anterior y debido también a la explotación y saqueo del que era objeto nuestro país y los trabajadores mexicanos por parte de empresas norteamericanas e inglesas (en las minas, el petróleo y los ferrocarriles, por ejemplo), a la existencia de enormes haciendas latifundistas en pocas manos y de miles de peones-esclavos encasillados en ellas, y a la participación de elementos de la naciente burguesía nacional (en esos momentos revolucionaria), junto con las masas hambrientas de campesinos, indígenas y obreros carentes de derechos, hicieron de la nuestra una revolución democrático-burguesa, popular, antifeudal y antimperialista, lo que se reflejó, al término de su etapa armada, en la Constitución de 1917 y en las sucesivas reformas que los revolucionarios le hicieron hasta antes de la llegada al poder de los neoliberales en 1982, con Miguel de la Madrid Hurtado.

El camino abierto por la Revolución Mexicana: la única salida a la crisis.

Así, la Revolución Mexicana, al igual que el movimiento de Independencia y el de Reforma, tuvo tres objetivos fundamentales: el logro de nuestra independencia económica y política plena, la ampliación del régimen democrático, y la elevación constante y permanente del nivel de vida del pueblo, para lo que se hizo indispensable una intervención creciente del Estado en los sectores estratégicos de la economía nacional.
Lo anterior constituye, en esencia, el mandato de nuestra Constitución, y el camino abierto por la Revolución Mexicana para lograr el verdadero desarrollo del país y el bienestar de sus habitantes. Un camino propio, distinto, producto de una larga experiencia histórica de lucha del pueblo mexicano. Un camino que, al transitarse, constituye en sí el mejor plan anticrisis que el pueblo mexicana haya tenido jamás.
Por eso, a partir de 1917 y hasta 1982 las crisis no significaron un gran problema para los mexicanos pues en esos años se fue consolidando nuestra independencia económica y política, se crearon cientos de empresas del Estado y con ello surgió una fuerte industria verdaderamente nacional, se repartieron las tierras de los latifundios creándose los ejidos, aumentó la producción en el campo, mejoraron los ingresos del pueblo, aumentó el bienestar de los mexicanos a tal grado que nuestro promedio de vida se elevó de menos de 40 años, antes de la Revolución, a cerca de 75 años en la actualidad, se promulgó la Ley Federal del Trabajo conteniendo grandes beneficios para la clase trabajadora, surgió la educación pública con miles de escuelas de todos los niveles, se creó la seguridad social e instituciones de salud de calidad para el pueblo, mejoraron los servicios, etc.
Además, se fue ampliando el régimen democrático con el voto a los 18 años, el derecho de voto a la mujer, la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales (LOPPE), y con ella los diputados de partido o plurinominales, destacando en el mundo nuestra política exterior independiente, que le dio prestigio y respeto a nuestro país.
En resumen: la Revolución Mexicana propuso y logró una menos injusta distribución de la riqueza y un gran desarrollo de nuestras fuerzas productivas, lo que se tradujo en menos crisis. Fórmula sencilla pero genial que cumplirá próximamente 100 años.
Si entre 1917 y 1982 tuvimos algunos problemas económicos, no fueron a causa de nuestra Constitución, de sus principios o de las instituciones creadas por la Revolución Mexicana, al contrario, fueron debidos a omisiones, titubeos, violaciones y traiciones a ellas por parte de la burguesía nacional gobernante, como durante la Presidencia de Miguel Alemán Valdés (1946-1952), por ejemplo.
Entonces, México vive en crisis permanente desde hace cerca de 26 años precisamente porque los neoliberales nos llevaron por un camino que está cerrado para nuestra patria: el de querer convertirnos en un país imperialista al estilo norteamericano.
Nos condujeron a un callejón sin salida, nos convirtieron en un país extremadamente dependiente de la economía norteamericana y en un pueblo sumido en la pobreza, a la deriva, a expensas de las crisis, que, efectivamente, coincidimos con Carstens, no nos puede provocar un “catarro” pero porque padecemos ya una “pulmonía crónica”.
¿Qué sino significan 70 millones de pobres, nulo desarrollo científico y tecnológico, la inexistencia de una industria auténticamente nacional, pérdida galopante de empleos bien remunerados y del poder adquisitivo de los salarios, además de violencia e inseguridad extremas, descomposición social y pérdida de valores? Ninguna economía en el mundo se puede defender de las crisis, ni mucho menos desarrollar, en estas condiciones.
Por todo lo anterior, y no por las ceremonias huecas y demagógicas que realizan los neoliberales, es que la Revolución Mexicana iniciada en 1910 no ha muerto, está más viva y vigente que nunca.
Pero hay que regresar al camino que abrió porque sólo con un Estado fuerte, con un país independiente, que cuente con un desarrollo científico y tecnológico acorde a los tiempos, y cuyo pueblo tenga buenos salarios e ingresos, y representación real en los órganos de gobierno, sólo así podremos no sólo resistir las crisis, sino caminar hacia atapas superiores de desarrollo.
Esto no es regresar al pasado, sino, aunque suene contradictorio, regresar al futuro, mas no a través del gobierno de un solo partido, sino por medio de un gobierno de Democracia Nacional formado por las fuerzas progresistas y revolucionarias de México, excluyendo solamente a los neoliberales, independientemente del partido al que pertenezcan, porque éstos ya tuvieron su oportunidad y la perdieron.

Señor Secretario: ¿De qué se ríe?

Señor Carstens: ya se nivelaron los precios de nuestras gasolinas respecto a los internacionales, ahora queremos que se nivelen nuestros salarios.

Lamentable pérdida.

El pasado 4 de noviembre murió un joven sencillo, brillante y con gran futuro, dejando una bella familia que tendrá que trabajar muy duro para salir adelante. Hombre de talento y de trabajo, que por cierto sabía hacer muy bien porque nos hacía olvidar un poco los graves problemas en los que los neoliberales tienen sumido al país. Alguna vez lo saludé en el Zócalo de la Ciudad de México y le pedí un autógrafo, que me dio encantado. Descanse en paz “Evelio con ‘V’ chica”.


EL POEMA.

LA DURACIÓN DEL TERCER REICH

1
El führer asegura que el Tercer Reich
va a durar 30 mil años.
A alto nivel no debe caber la menor duda.
La duda que debe existir a alto nivel
es acerca de si el Tercer Reich
resistirá el próximo invierno.

Bertolt Brecht.

Correo electrónico: a_babor@hotmail.com
http://ababor-roberto.blogspot.com

1 comentario:

Anónimo dijo...

Lamento informarle que está tan preocupado por buscar al enemigo fuera (el imperialismo, EU, al fin de al cabo: los otros) que no se ha dado cuenta que lo peor de la revolución mexicana provino de los propios mexicanos.
REVO