lunes, 4 de octubre de 2010

¿Y después del Bicentenario qué?

Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ

Los mexicanos acabamos de conmemorar, los pasados 15 y 16 de septiembre, el bicentenario del inicio de la lucha por nuestra independencia, pero ¿qué nos dejaron las celebraciones organizadas por el Gobierno Federal panista? Muy poco, casi nada. Porque ¿acaso ahora sí, después de “reflexionar” y de hablar tanto, y durante muchos días, de nuestra independencia, pugnaremos por ella?, ¿acaso el gobierno de Calderón elaboró ya un plan para lograrla? No, por dos razones: porque nuestra independencia no le importa ni al PAN ni a su gobierno pues choca contra los intereses que representan, y porque Calderón, en su delirio de que somos ya un país independiente y libre, quiere convencer a los mexicanos de lo mismo.

Los indígenas

Los españoles llegaron a este continente el 12 de octubre de 1492. Ya habitaban aquí los descendientes de sus primeros y auténticos descubridores: multitud de pueblos indígenas, con sus propias lenguas y dialectos, cultura, creencias, economía, con enormes conocimientos en ciencias como las matemáticas y la astronomía, con una cronología que superaba a la del calendario juliano y gregoriano, con un gran desarrollo en la agricultura y en disciplinas como la arquitectura y la escultura, en artes como la pintura y los murales, y en actividades como la orfebrería y la cerámica.
No conocían el hierro, todos sus instrumentos eran de piedra, ni le habían dado un uso productivo a la rueda, ni conocían los animales de tracción, como los caballos, ni ningún otro domesticado para las labores productivas.
Cuando los españoles llegaron, los indígenas de este continente se encontraban en el estadio medio del comunismo primitivo, de la barbarie, y desconocían, por tanto, la propiedad privada sobre los medios de producción y estaban divididos en tribus o etnias, muchas veces enfrentadas entre sí. Tenían su propia organización social basada en estamentos.

Los españoles

Así, los españoles tenían una ventaja sobre los indígenas de cientos y cientos de años pues ya vivían en un sistema de producción feudal, con un régimen monárquico y con grupos de nobles que, junto con la Iglesia, poseían la inmensa mayoría de las tierras, teniendo como siervos a la mayoría del pueblo pobre español.
Poseían una lengua y una religión única, conocían y utilizaban el hierro, tanto para construir herramientas de trabajo como para sus armas, y contaban con animales de tracción, de carga y de trabajo, que su ejército utilizaba, como el caballo.
Su capacidad de producción de bienes materiales era mucho mayor a la de los indígenas habitantes de este continente.
El poder de la Iglesia era enorme, con órganos represivos y persecutorios como la Santa Inquisición o el Santo Oficio.

La Conquista y la Colonia

Durante los 300 años que duró la Colonia, los españoles trataron de imponer a los indígenas, casi siempre a sangre y fuego, su religión, su lengua, su cultura, sus costumbres y un sistema de producción que les permitiera explotar y sustraer las riquezas del territorio conquistado con la menor inversión posible, en beneficio exclusivo de los peninsulares y del poder español.
Los españoles, la Iglesia y la Monarquía, impusieron las encomiendas, las alcabalas, los estancos, los gremios, tributos y todo tipo de medidas tendientes a evitar el desarrollo productivo, comercial, agrícola y económico en general de la Nueva España, para beneficio de la península.
Esclavizaron a los indígenas y, con el paso de los años, a todas las razas y castas que fueron surgiendo y poblando nuestro territorio, como los negros, mulatos y mestizos, sufriendo gran discriminación aún los criollos, hijos de españoles, pero nacidos en la Nueva España.

El mestizaje

De entre todas las razas que poblaron nuestro territorio fue la mestiza la que empezó a prevalecer. El mestizo surgió no sólo como la raza predominante, sino como una manera de ver la realidad, y de ver y vivir la vida, de ser, de actuar, de sentir, como una cultura, mezcla de lo español y lo indígena, que se fraguó en estas tierras y que, por tanto, resultó única y original.
Así definía al mestizo y al mestizaje el maestro Vicente Lombardo Toledano:
“Las manifestaciones de la civilización mediterránea que los conquistadores trasplantaron aquí se mexicanizaron. El mestizaje fue el signo del país desde el siglo XVI, lo mismo en la sicología del pueblo nuevo que surgía de la unión de españoles e indígenas, que en las costumbres, en las artes plásticas, en la literatura y en la música.
El mestizo se convirtió en el contenido cualitativo del México naciente y se impuso a los extranjeros. Su modo de ser (introversión, acción meditada, repulsa de las expresiones exuberantes o violentas, cortesía reverente y conciencia de su propio señorío) lo fue diferenciando de sus fuentes originales en el curso de los 300 años de la dominación colonial, hasta constituir la substancia de todo el pueblo cuando logró en 1821 su independencia de España”.
Además, el pueblo mestizo enriqueció la lengua española, caracterizándose por su apego profundo a la tierra, por su nacionalismo no chauvinista, sino el propio de un pueblo débil y agredido por potencias extranjeras, pero, no obstante, receptor de las ideas renovadoras de la vida social para adaptarlas a nuestra realidad.

Causas de la lucha por nuestra independencia

No fue el Grito de Independencia lanzado por Miguel Hidalgo y Costilla en 1810 el primer acto de rebeldía de un pueblo esclavizado y cansado de la miseria y de la opresión española.
Desde los primeros años de la Conquista los hubo, protagonizados por indígenas, negros, clérigos y hasta por elementos de las clases privilegiadas, como Fray Bartolomé de las Casas, Fray Nicolás White y Fray Toribio de Benavente, o por don Guillén de Lampart, en 1642, o como la llamada “Conspiración de los Machetes”, en 1794, una verdadera conspiración de origen popular.
Pero no fue sino hasta 1810 cuando estuvieron dadas las condiciones para que ese “grito” hiciera eco en el pueblo esclavizado y aún en las capas privilegiadas, pero discriminadas y reprimidas por el poder peninsular.
Y las condiciones estaban dadas porque el sistema de producción esclavista impuesto por España trababa el desarrollo de las fuerzas productivas, pues la población aumentaba de manera constante, lo mismo que sus necesidades, no así la producción y el comercio debido a las múltiples trabas que el poder español le imponía, con el creciente empobrecimiento y malestar del pueblo esclavizado y demás sectores de la población.
Así, los españoles peninsulares, la Monarquía y la cúpula clerical, se fueron quedando solos, pues aún los criollos, discriminados por el poder y rezagados a cargos de segunda importancia, fueron abrazando la idea de la independencia, que fue ganando más y más adeptos, principalmente entre las castas, negros, mulatos, mestizos e indígenas.
Dicen que los pueblos crean a los hombres que necesitan en un momento histórico determinado, y así surgieron gigantes del pensamiento y de la acción como Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Josefa Ortiz de Domínguez, Ignacio Allende, Mariano Abasolo e Ignacio Aldama, entre muchos otros, influidos por la Revolución Francesa (1789) y la independencia norteamericana (1776), por las ideas de Voltaire, Rousseau, Montesquieu y Secondant, que aplicaron aquí de acuerdo a lo que cada uno de ellos, y en conjunto, pensaron que debería ser el movimiento de independencia.
Sin embargo, debido a la participación en masa del pueblo esclavizado, ese movimiento fue más allá de la lucha por nuestra independencia sólo formal respecto a España, transformándose en una verdadera revolución, con un profundo sentido social, condenando y luchando contra la esclavitud, contra las trabas a la producción y al comercio, contra el acaparamiento, contra el despojo de tierras a los indígenas, contra la discriminación y en general contra el sistema de dominio impuesto por España en nuestro territorio.

Importancia y lecciones de la Revolución de Independencia

La Revolución de Independencia, la de Reforma y la Revolución Mexicana iniciada en 1910, son parte de un todo, de un solo movimiento revolucionario que ha tenido, desde sus inicios, tres propósitos fundamentales: el logro de la independencia nacional plena (económica y política), la elevación constante del nivel de vida del pueblo y la ampliación del régimen democrático.
La lucha por nuestra independencia iniciada en 1810 tuvo el mérito de haber dado origen a la nación mexicana y ser el punto de partida de nuestro movimiento revolucionario que, bajo otras condiciones, hoy se mantiene vivo y no morirá hasta que cumpla con sus tres propósitos arriba señalados.
Recientemente dijo Calderón que la principal lección de la lucha por nuestra independencia es la necesaria UNDIDAD DE TODOS los mexicanos en los momentos difíciles: FALSO. Esta es una idea que rata de confundir y desmovilizar al pueblo en la lucha por sus derechos y dividir a los mexicanos progresistas.
La Revolución de Independencia NO UNIÓ A TODOS los habitantes de la Nueva España: unió al pueblo esclavizado, y a personajes y capas de los sectores privilegiados, pero también discriminados y reprimidos por el poder peninsular.
UNIÓ A LA INMENSA MAYORÍA, eso sí, a las fuerzas revolucionarias y progresistas de ese entonces, contra la opresión española. SI TODOS SE HUBIERAN UNIDO no habría habido la necesidad de una lucha armada tan cruenta como la que se dio.
Es cierto, ya para 1821 la causa de la independencia era abrazada casi por unanimidad en la naciente patria mexicana, pero ya se había derramado mucha sangre, principalmente de indígenas y mestizos.
Entonces la LECCIÓN, y la necesidad de hoy, es esa: la UNIDAD en la acción de todas las FUERZAS PROGRESISTAS en contra de los neoliberales de fuera y de dentro del gobierno panista, en contra de la oligarquía que nos gobierna, para llevar nuevamente a Palacio Nacional los ideales de Hidalgo, Morelos, Benito Juárez, Villa, Zapata, Lázaro Cárdenas y de Vicente Lombardo Toledano, antes de que la sangre de los mexicanos se empiece a derramar nuevamente.
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sábado, 4 de septiembre de 2010

El Informe del miedo.

Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ.

MIEDO es la palabra que mejor puede definir al IV Informe de Calderón Hinojosa, al entorno físico cercano y al ambiente nacional en que se dio.

El miedo

Los mexicanos tenemos miedo a perder el trabajo y a salir a la calle; las madres temen por sus hijos; los jóvenes tienen miedo al futuro; los pobres entre los pobres, a no tener qué comer mañana; los pequeños y medianos empresarios mexicanos, a perder sus empresas, y los campesinos temen perder sus cosechas y tierras. El gobierno tiene miedo al pueblo y los más ricos a perder su fortuna, y hasta su vida.
Y la gente con miedo es capaz de hacer muchas cosas. Un gobierno que teme al pueblo se convierte en dictadura, y un pueblo que teme al gobierno y a morirse de hambre, es capaz de realizar los actos más heroicos (como lo fueron la Independencia y la Revolución que hoy celebramos), pero también de cometer los más abominables, si se le abandona, si no se le orienta, si no se le encauza, si no se le habla con la verdad.
Y el IV Informe, y el Mensaje “abusivo” (como escribió el propio Calderón en su twiter), no quitan ese miedo, lo fomentan, lo alientan, lo agudizan.

La realidad

La situación real del país es esta: desempleo, subempleo, pobreza y miseria crecientes; inseguridad y violencia con características antes inconcebibles en México; dependencia enfermiza con la economía norteamericana; desarticulación de la economía nacional con la venta de empresas y servicios en manos del Estado, y con la quiebra de cientos de empresas mexicanas, pequeñas y medianas; depredación de nuestros recursos naturales, petroleros, forestales, agrícolas, pesqueros, mineros.
Miseria en el campo por la destrucción de los ejidos y el surgimiento de nuevos latifundistas, con miles de peones que deambulan carentes de tierra, de ingresos dignos, de prestaciones y derechos; corrupción y pésima administración de las empresas y servicios públicos; recortes presupuestales a gobiernos estatales y municipales que los mantienen al borde del colapso; presupuestos a todas luces insuficientes para rubros esenciales como la educación, salud y vivienda; un régimen político-electoral en el que sólo están representados los diferentes sectores de la burguesía nacional (la oligarquía sobre todo), no la clase obrera, y una agresiva política antisindical. Esta es la realidad.

El Informe

Ni el Informe, ni el mensaje, proponen una salida progresista a esta situación, al contrario, la ocultan, tratan de disfrazarla, y esto, dadas las circunstancias del país, provoca miedo, frustración y aumenta la desesperación del pueblo.
Calderón dio cifras, sí, muchas, y muchos datos, pero, como dirían los panistas campechanos, no contrasta, no compara, no da referencias de lo que se debería hacer, de lo que falta por hacer. Son cifras “flotantes”, tendenciosas, manipuladas y manipuladoras, maquilladas y maquilladoras.
Habla de 610 mil empleos creados, pero no dice de qué calidad son, de qué tipo, o si son mejores que los que se perdieron, y tampoco precisa cuántos más es necesario crear para acabar con las inmensas filas que se forman en las llamadas Ferias del Empleo que se realizan a todo lo largo y ancho de la República Mexicana.
Dijo que se han creado 785 escuelas de nivel bachillerato y 75 universidades, ¿por qué entonces tantos millones de “ninis”? ¿Por qué la proliferación de escuelas privadas, muchas de ellas “patito”? ¿Por qué miles de jóvenes no estudian las carreras que realmente desean o necesita el país?
Y lo peor: se han otorgado apoyos por ¡500 pesos mensuales! a dos millones 600 mil adultos mayores. ¡500 pesos mensuales mientras se reforma la Ley del IMSS para reducir las pensiones! ¡Qué cinismo! ¡Qué injusticia! ¡Un verdadero crimen!
Y luego el millón 600 mil hogares beneficiados con piso firme. ¡Cifras y acciones ridículas, por claramente insuficientes! ¿Fue un Informe Presidencial o un Informe de un Presidente Municipal?, con todo respeto para los alcaldes.

Calderón, la Independencia, la Revolución y Porfirio Díaz

Sin embargo, en ese escenario a modo, con invitados a modo, lejos del pueblo, Calderón presumió haber liquidado la Compañía de Luz y Fuerza del Centro (CLyFC) y dejado en la calle a más de 40 mil trabajadores, y recibió uno de los aplausos más vigorosos, entusiastas y prolongados.
Después habló del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución Mexicana, y se llenó la boca con elogios a estos movimientos y a revolucionarios como Hidalgo. Morelos, Madero y Zapata (a Villa no lo mencionó, no sé por qué).
¿Se puede hablar de la Revolución Mexicana y al mismo tiempo reprimir al pueblo para el que la misma se realizó, aún más tratándose de sectores tan emblemáticos como el minero y el electricista?
¿Se puede hablar de la revolución de Independencia y a la vez aplicar una política económica que ha hecho mucho más dependiente a nuestro país de la economía norteamericana y que ha puesto al gobierno federal panista de rodillas a sus pies?
¿Puede Calderón hablar de la dictadura de Porfirio Díaz, como lo hizo en su mensaje, sin morderse la lengua?

El enemigo

El miedo no debe paralizarnos. Es lo que quisiera el gobierno panista. La preparación política, la participación en partidos y organizaciones progresistas y revolucionarias, la organización, la movilización pacífica en defensa de nuestros derechos, la difusión de nuestras ideas por todos los medios y el voto, son las armas para sacudirnos el miedo, y esta oportunidad la tendremos en el 2012.
Sí, señor Calderón, el pueblo mexicano ya sabe quiénes son sus enemigos: son ustedes, los neoliberales, quienes han gobernado al país durante los últimos 28 años.

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El Gobierno y la oligarquía hacen constantes y vehementes llamados al pueblo para compartir las responsabilidades, pero nunca para compartir las riquezas. Sí, porque, dicen, la contaminación, la corrupción, la inseguridad, la pérdida de valores, etc., son culpa de todos. Pero entonces ¿quién es culpable de la injusta distribución de las riquezas que se generan en nuestro país? Habría que llamarlo a cuentas.
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martes, 6 de julio de 2010

El voto inútil.

Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ.

Nunca antes, en el México contemporáneo, habían tenido lugar procesos electorales tan absurdos, sin contenido y sin rumbo, como los del pasado 4 de julio, a tal grado que podríamos decir que, por desgracia, el voto emitido por miles de mexicanos en diversos estados de la República fue inútil, en el sentido de que no tiene ni la más mínima posibilidad de traducirse en mejorías para el pueblo y la nación mexicana.
Alianzas absurdas y vergonzosas entre la derecha y los que se autodenominan de izquierda, que sólo crearán confusión y desaliento, candidatos corruptos, sin principios, sin ligas con el pueblo, y carentes de un programa progresista y antineoliberal, y líderes de partido que actuaron sin moral alguna, fueron las características principales en estas elecciones.
El 4 de julio ganaron los neoliberales de dentro y de fuera del gobierno, de uno y otro bando, de uno y otro partido, no el pueblo mexicano. Ganó la mercadotecnia, la maniobra, la demagogia, la corrupción, la mentira, la aventura. Triunfó el poder económico de la oligarquía que nos gobierna y sus candidatos, que no tuvieron adversarios políticos, mucho menos ideológicos.
Fue una elección de candidatos únicos, dada su ideología. Fue un proceso electoral al más puro estilo norteamericano, donde compiten solamente los candidatos que representan los intereses de unos y otros monopolios trasnacionales en pugna por ser los únicos en continuar enriqueciéndose gracias a los sufrimientos de los pueblos del mundo, proceso en el cual el pueblo trabajador norteamericano carece por completo de participación y representación.
Se dice que fueron derrotados viejos cacicazgos en Puebla y Oaxaca. Seguramente sí, pero ¿por quiénes y para qué? ¿Para establecer nuevos? Lo que es un hecho es que el cacicazgo neoliberal, que ya cuenta con 28 años de vida, salió sin duda fortalecido gracias a la complicidad de individuos sin moral y sin principios como Jesús Ortega, del Partido de la Revolución Democrática (PRD).
La sensación que queda en millones de mexicanos progresistas y conscientes es de un gran vacío y de enorme decepción, que deberá traducirse en buscar para las elecciones presidenciales del 2012, de manera resuelta, decidida y sin prejuicios, la formación de un gran frente de las fuerzas progresistas y antineoliberales, lo más amplio posible, para derrotar de manera definitiva a la derecha de dentro y de fuera del gobierno, y al grupo de aventureros que organizaron el gran circo del pasado 4 de julio: una enorme afrenta contra el pueblo mexicano.
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viernes, 2 de julio de 2010

No se modifique la Ley Federal del Trabajo: ¡Cúmplase!

Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ.

En marzo del presente año, el Partido (de) Acción Nacional (PAN), presentó en la Cámara de Diputados una iniciativa para reformar la Ley Federal del Trabajo (LFT), propuesta que pretende se discuta y apruebe este mes, una vez concluidos los procesos electorales que se desarrollan en diferentes estados de la República.
El siguiente es el principal contenido de la iniciativa panista:
1.- Limitar el ejercicio del derecho de huelga de los trabajadores con nuevos requisitos para emplazarla y para que la misma sea declarada legal.
2.- Legalizar la práctica de la subcontratación, del llamado outsourcing.
3.- Imponer los llamados periodos de prueba.
4.- Que la elección de los líderes sindicales sea por el voto directo y secreto de los trabajadores.
5.- Propone suprimir la obligación del descuento de cuotas sindicales.
6.- Imponer el modelo de contratación individual.
7.- En caso de despido, plantea eximir al patrón de la obligación de reinstalar a un trabajador con antigüedad menor a tres años.
8.- Propone suprimir el escalafón ciego “a efecto de privilegiar la productividad”.
9.- Incluir la “multihabilidad obligatoria”, suprimiendo la figura de “puesto de trabajo”, pues éste se basa, dicen los panistas, “en un modelo de producción de la década de los 30 del siglo pasado y bajo la cual el asalariado sólo está obligado a realizar la tarea para la cual fue contratado, “lo cual atenta contra la productividad”.
10.- Más requisitos para la tramitación de las demandas de titularidad del Contrato Colectivo de Trabajo.
Así, a decir de los panistas y de Calderón, de aprobarse su iniciativa “los trabajadores se verían beneficiados con mayores ingresos en caso de que la productividad se eleve…porque ésta es fundamental para el crecimiento económico y, por lo tanto, en la creación y mantenimiento de las fuentes de empleo”. Aseguran asimismo que no se modifican ni la letra ni el espíritu del artículo 123 constitucional.
Falso todo lo que afirma la derecha panista neoliberal en el gobierno. En primer lugar, su iniciativa, en cada uno de sus puntos, otorga solamente nuevas ventajas a los empresarios y atenta gravemente contra los derechos que actualmente establece la Constitución, en su artículo 123, y la LFT, a favor de los trabajadores mexicanos, principalmente atenta contra el derecho de huelga y el de organizarse de manera independiente y sin injerencias externas, derechos que casi nunca respetan los patrones, el gobierno y el Estado en su conjunto.
Igualmente, y al contrario de lo que asegura Calderón, esta iniciativa sí cambia radicalmente, anula, el espíritu y la letra del 123 constitucional, pues de aprobarse sería, en la práctica, la derogación de dicho artículo, la pérdida de conquistas importantísimas para la clase trabajadora mexicana y el fin del derecho laboral mexicano como lo concibieron los constituyentes de Querétaro, es decir, de su carácter de tutelar de la parte más débil de los factores de la producción: los trabajadores, dejándolos en una total indefensión frente al poder económico, y ahora político total, de los grandes empresarios nacionales y extranjeros, de la oligarquía que gobierna nuestro país.
Por otra parte, es necesario preguntarnos: ¿Están el PAN y el gobierno de Calderón realmente interesados en el bienestar de los más de 80 millones de trabajadores mexicanos (empleados y desempleados) cuando han actuado de manera claramente represiva e ilegal en contra de los trabajadores electricistas y mineros en lucha por conservar sus fuentes de trabajo y poder llevar el pan que diariamente requieren sus familias? Por supuesto que no. Su actitud es claramente demagógica y están haciendo uso de su doble lenguaje de siempre, de su doble cara.
La verdadera causa de la pérdida de empleos y de la baja del poder adquisitivo de los salarios, es la política económica neoliberal aplicada por los gobiernos de derecha desde 1982, que ha hecho de nuestra economía un apéndice de la economía norteamericana, misma que al caer en una profunda crisis, nos arrastró con consecuencias devastadoras para la inmensa mayoría de los mexicanos.
La firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) con el imperialismo norteamericano, la apertura indiscriminada a las inversiones extranjeras, las privatizaciones de empresas públicas, la destrucción del ejido y el abandono de los verdaderos campesinos mexicanos, las contrarreformas a artículos constitucionales como el 3º, el 27 y el 130, han sido sólo partes de esta política económica reaccionaria aplicada por los panistas hoy en el poder, que han provocado la quiebra de miles de pequeñas y medianas empresas nacionales, con la consiguiente pérdida masiva de empleos.
Por tanto, lo que en verdad se requiere para aumentar la productividad, nuestra competitividad y generar empleos, es abandonar esa política económica negativa que hasta hoy tercamente se aplica y, lejos de reformar la LFT y anular, en la práctica, el espíritu del 123 constitucional, es exigir su cabal aplicación y cumplimiento, lo que lógicamente no se logrará mientras el PAN, o los neoliberales de cualquier otro partido, se encuentren en el poder.
Que se respete el derecho de huelga y a contar con una organización independiente por parte de la clase trabajadora, que se les otorguen todas las prestaciones de ley, que se cumpla con el derecho a contar con un empleo, con un salario digno y suficiente, a la salud, a la educación, a la seguridad social, a la vivienda, a la cultura, al deporte y a la recreación.
Un mexicano bien alimentado y cuya familia cuente, si no con lujos, pero sí con los satisfactores suficientes para tener una vida digna, será un mexicano más productivo y feliz, que difícilmente cometerá actos delictivos y mucho menos será presa fácil del crimen organizado.

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La guardería ABC y el crimen organizado.

El crimen cometido contra 49 niños de la guardería ABC en Sonora fue perpetrado por la delincuencia organizada legal, mientras que las decenas de ejecuciones diarias, incluidas las de gente inocente, son cometidas por la delincuencia organizada ilegal. Ambas se nutren, se tocan y se entrelazan, y actúan con total impunidad. Este es el verdadero rostro del neoliberalismo.

La obesidad y la ceguera gubernamental.

Para combatir la obesidad entre los niños mexicanos empecemos por restablecer los desayunos escolares a precio simbólico en las escuelas públicas y obligar a las privadas a que también lo hagan. Sabemos que el gobierno panista neoliberal no lo hará, pero exijámoslo.

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miércoles, 12 de mayo de 2010

Conspiro

Yo no conspiro muriendo,
Como lo hacen los peces y las aves,
Ni multiplicándome, como los insectos.
Sobrevivir es conspirar para mí.

Te penetro y conspiro,
Procreo y conspiro.

Ayer conspiré desde que desperté y te vi,
Hasta que besé a mis hijos por la noche.

Conspirar es mi abecedario,
Contiene todas las letras:
Comienza con a de amar
Y concluye con s de sonreír.
Sonrío, y conspiro contra los que no sonríen.
Amo, y conspiro contra los que no aman.
Conspiro contigo y sin ti.

Respiro y conspiro,
Deliro y conspiro.
Cavo trincheras de letras
Y disparo poesías.

Yo no rezo, conspiro,
Yo no hablo, conspiro,
Yo no sueño, conspiro,
Yo no lucho, conspiro,
Yo no escribo, conspiro.

Conspiro presente y ausente,
Libre o preso, vivo o muerto.
Anónimo.

Conspiro por el paraíso en la Tierra,
Contra el enemigo común,
Por la vida eterna,
Por los siglos de los siglos...

Amén.

Roberto Escamilla Pérez.

Les dejo este poema mientras concluyo otro artículo porque, como a 80 millones de mexicanos, el sistema me tiene ocupado buscando qué comer.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Contra una propuesta reaccionaria, una revolucionaria.

Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ.

Hasta antes del régimen de Miguel de la Madrid (1982-1988), la tendencia general en cuanto a lo político y electoral fue la de abrir espacios para las fuerzas progresistas y revolucionarias nacionales, democratizar el Poder Legislativo de la nación y fortalecer el carácter plural del régimen de partidos, reconociéndoles a éstos, en nuestra Carta Magna, su carácter de entidades de interés público.
Así, en 1963 surgió la figura jurídica de los diputados de partido, sustituyéndola en 1977 la de diputados de representación proporcional; en 1972 se redujo al 1.5% como mínimo de votación requerida para acreditar diputados de partido; en 1986 se incrementó el peso de la representación proporcional en relación a la mayoría relativa en la composición de la Cámara de Diputados, de un 25 a un 33%, y se elevó a los partidos políticos a rango constitucional considerándoseles entidades de interés público, reconociéndolos como actores fundamentales del proceso electoral y titulares de los derechos político-electorales, fortaleciéndose el régimen plural de partidos y propiciándose su presencia y participación en la vida política nacional.

Los “nuevos patricios”.

Sin embargo, actualmente, con la llegada de los neoliberales al poder, la tendencia es completamente contraria y a estas alturas en nuestra “democracia” sucede lo que en la de la Roma Antigua, en la que, de acuerdo a sus leyes, el “pueblo” o los “ciudadanos” gozaban de los mismos y plenos derechos; sin embargo, para dichas leyes los únicos que entraban en esa categoría eran los “patricios”, la clase privilegiada, porque los “plebeyos”, la gran mayoría, no eran considerados parte del “pueblo” y carecían de derechos civiles y políticos, y ni se diga de los esclavos, que eran tratados como animales o cosas; además, el voto, al que sólo tenían derecho los “patricios”, valía de acuerdo al poder económico del personaje que se tratara.

Los “nuevos plebeyos”.

En nuestro país, de acuerdo a la Constitución y a la legislación electoral, todos los “ciudadanos” gozamos del derecho a la participación política, a votar y ser votados, a organizarnos en partidos; sin embargo, la clase trabajadora, de la que forma parte la inmensa mayoría de los mexicanos, que en la realidad no es considerada por el gobierno panista como parte de la “ciudadanía”, carece de la posibilidad real de hacer política y de votar de manera libre y consciente en los procesos electorales, debido, en primer lugar, a la pobreza en que vive, y después a que sólo recibe la información que proviene de los partidos y candidatos con más poder económico y mayor difusión en los monopolios de la comunicación.
De esta manera, y como consecuencia de lo anterior, los trabajadores mexicanos, las mayorías, carecen de una auténtica representación en los diferentes órganos de poder, copados por los partidos que representan los intereses de las diferentes capas que forman la burguesía mexicana, pero principalmente por la gran burguesía neoliberal aliada del imperialismo norteamericano y a sus trasnacionales.
Debido a esta realidad, a las condiciones y circunstancias nacionales en las que se plantea, es que la reforma política propuesta por Calderón es una reforma a modo, viciada de origen y destinada a beneficiar a los modernos “patricios”, es decir, a los grupos neoliberales, principalmente al Partido (de) Acción Nacional, representante fiel de los intereses de la oligarquía nacional.

El decálogo.

Con su decálogo, Calderón pretende suprimir logros tan importantes para el auténtico avance democrático como los diputados de representación proporcional o plurinominales, intenta otorgar más espacios a los grupos de derecha con el disfraz de la “ciudadanización” de la política y, además, fortalecer la dictadura de la gran burguesía nacional a costa de la soberanía del Poder Legislativo y de su supeditación al Ejecutivo, proponiendo para este último “iniciativas preferentes” y la facultad de hacer observaciones parciales o totales a proyectos de ley aprobados por el Legislativo, así como al Presupuesto de Egresos de la Federación y a la Ley de Ingresos, haciendo prácticamente obligatoria su aprobación con tales observaciones incluidas.

Reelección e iniciativa ciudadana.

Así, en estas circunstancias y dada la actual correlación de fuerzas desfavorable para quienes deseamos el progreso, y debido también a la marginación de la clase trabajadora y de su partido, propuestas como la reelección de diputados locales y federales, delegados y miembros de los Ayuntamientos, así como la de las iniciativas ciudadanas y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), de aprobarse, no serán en beneficio del pueblo mexicano pues en la práctica diaria, en la realidad, no podrán ser aprovechadas por éste ni por las organizaciones que representan sus legítimos intereses.

Candidaturas ciudadanas o independientes.

La propuesta de candidaturas “ciudadanas” o “independientes” nos trae a la mente a personajes tan nefastos como Alberto Fujimori, ex presidente de Perú, pues fue gracias a esa figura jurídica que llegó al cargo con los resultados trágicos para ese pueblo hermano que todos conocemos.
Calderón asegura demagógicamente que estas candidaturas darán más poder de decisión a los “ciudadanos” y se lo restarán a los partidos políticos, a quienes acusa de mantener al país en la parálisis y sin las “profundas reformas” que según él necesitamos.
Sin embargo, la realidad es otra: mediante ellas pretende restar poder y prestigio a los partidos políticos distintos al PAN, pero fortalecer la posición ideológica y política de la derecha, y de los grupos neoliberales en general, porque ¿quiénes sino los muy ricos, y los narcos, podrían y tendrían la posibilidad de lanzarse como “candidatos independientes” o “ciudadanos”, o apoyar a éstos económicamente?, atrayendo de paso a ingenuos y a gente de buena fe que potencialmente podrían asumir posiciones progresistas; así, muy hábilmente, el gobierno canalizaría inconformidades a favor de la derecha.

La segunda vuelta electoral.

Por otro lado, la propuesta de una segunda vuelta electoral en la elección presidencial en caso de que ningún candidato alcance más del 50% de la votación, revela la demagogia y falta de congruencia y seriedad de Calderón y de su partido.
Ellos, que se dan golpes de pecho diciendo que las elecciones son muy caras, y critican cínica y agresivamente las alianzas cuando son de las fuerzas progresistas, calificándolas de oportunistas, con esta propuesta fomentan precisamente lo que dicen rechazar pues una segunda vuelta significaría un gasto mucho mayor en cuanto a lo electoral y, además, constituiría un auténtico paraíso para aquellos políticos sin principios, aventureros, oportunistas y negociantes de la política, que no perderían la oportunidad de venderse al mejor postor para dicha segunda vuelta electoral, y quienes los comprarían sería el PAN, la derecha, los neoliberales, los narcos y los grandes empresarios nacionales, sin duda alguna, pues son ellos quienes detentan el poder económico en el país.

Todos contra las plurinominales.

Sin embargo, lo que más llama la atención es la virulenta campaña organizada por la derecha en contra de las candidaturas plurinominales o de representación proporcional, campaña en la ya participan conocidos periodistas, políticos e “intelectuales”. ¿Por qué tanta aversión y odio contra ellas, contra los diputados de representación proporcional o plurinominales? La respuesta es simple: por su origen, por su carácter y por su propósito.

Su origen, carácter y propósito.

El desarrollo de la Revolución Mexicana, en cuanto a la ampliación de nuestro régimen democrático se refiere, dio como uno de sus más importantes frutos los llamados diputados de partido, después denominados de representación proporcional o plurinominales, con el propósito de darle voz en el Poder Legislativo de la nación a quienes hasta entonces no la tenían: a la clase trabajadora y a sus representantes más avanzados, es decir, a la izquierda mexicana representada por el Partido Popular Socialista (PPS), hoy sin registro, pero vivo y en plena actividad, y por el Partido Comunista Mexicano (PCM).
Las diputaciones plurinominales no fueron un regalo, fueron producto auténtico y natural del proceso revolucionario mexicano, de la lucha, participación, sensibilidad y carácter progresista de todos sus actores políticos.
Está claro entonces el origen revolucionario y carácter progresista de este tipo de candidaturas, y por tanto también el odio que contra ella tiene la derecha, siempre contraria al progreso, a la ampliación del régimen democrático y a las conquistas que ha obtenido a lo largo de nuestra historia la clase trabajadora mexicana.
“Los diputados plurinominales no representan a nadie”, dicen los neoliberales; “no tienen compromisos con nadie”, aseguran; “son regalos a grupos y partidos sin fuerza y que tampoco representan a nadie”, afirman; “si esos partidos no son capaces de ganar por mayoría, no tienen derecho a tener representación en el Poder Legislativo y deberían desaparecer”, argumentan retadores, soberbios y seguros de su poder económico. Pretenden ignorar lo que son los partidos políticos, lo que cada uno representa, y el papel que juegan los diputados y senadores de los mismos en el Poder Legislativo de la nación.

¿A quiénes representan los partidos políticos?

Los partidos políticos representan a las clases sociales en las que se divide la sociedad, o a determinados sectores de las mismas. En nuestro país todos los partidos con registro representan a la burguesía, pero cada uno a diferentes capas o sectores de ella. El Partido (de) Acción Nacional (PAN) representa los intereses de la gran burguesía reaccionaria nacional ligada a las trasnacionales y al alto clero político, siendo además el principal impulsor de las políticas económicas neoliberales.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI), auténticamente revolucionario en sus orígenes y progresista después, ha sido copado por los grupos neoliberales en su interior, y de defender los intereses de la burguesía nacional de mentalidad avanzada y de la pequeña burguesía, en los últimos años le ha dado la espalda a sus orígenes y al pueblo mexicano, y ha pasado a ser aliado de la derecha. Los grupos y elementos progresistas que pudieran existir en su interior se encuentran absolutamente desmoralizados, debilitados y divididos, careciendo de fuerza significativa en la actualidad.
Por lo que toca al Partido de la Revolución Democrática (PRD), al Partido del Trabajo (PT) y a Convergencia, aunque un poco más cercanos a los intereses de la clase trabajadora, representan a la pequeña burguesía nacional que ha sido duramente golpeada por la crisis y que se ha radicalizado por ello, y en su interior conviven, junto con los grupos progresistas mayoritarios, elementos de derecha que coquetean constantemente con el PAN y con los neoliberales en general, siendo ésta una de las razones principales que explica las posiciones y acciones que muchas veces toman, contrarias a los principios que dicen sustentar.
Viendo de esta manera las cosas, es absurdo pensar que un diputado o senador del PAN, o Salinas, Zedillo o Labastida del PRI, o “Los Chuchos” o Pablo Gómez del PRD, puedan representar los intereses de un obrero mexicano, de un campesino, de un empleado, de un maestro, de una sencilla ama de casa, de un profesionista o de cualquier mexicano que sólo posea sus manos y su inteligencia para sobrevivir, que somos la gran mayoría.
Es absurdo e infantil pensar que si el candidato a diputado por el que voté no ganó en mi Distrito Electoral, pueda yo ser representado en el Poder Legislativo por el diputado que triunfó por mayoría de votos en dicho distrito, puesto que éste sustenta, y defenderá, otros intereses, principios y programa, distintos a los que yo apoyé y elegí con mi voto razonado y consciente de acuerdo a la clase social a la que pertenezco.

¿A quienes representan los diputados plurinominales?

Así, los diputados plurinominales representan a ciudadanos de carne y hueso que votaron por determinado partido y programa, pero cuyo candidato no ganó por mayoría de votos el distrito o circunscripción electoral correspondiente, y que de otra manera no estarían representados en los Poderes de la nación y nadie llevaría a ellos su voz y su voluntad representada por su voto.
De no existir este tipo de candidaturas y de legisladores, el voto de estos millones de mexicanos sería prácticamente ignorado y en gran medida inútil, por lo que eliminarlos constituiría un grave atentado contra el derecho a la participación política del pueblo mexicano y contra el auténtico avance democrático, y seguramente elevaría aún más las de por sí abultadas cifras de abstencionismo, disminuyendo legitimidad y autoridad moral a los funcionarios electos y a los gobiernos a todos los niveles.

Por una reforma política y electoral de carácter progresista.

Una reforma política y electoral auténticamente progresista requiere, en primer lugar, que los mexicanos puedan ejercer realmente un voto libre y razonado: libre de manipulaciones previas, de amenazas y presiones de carácter material, económico y espiritual, tendiendo además acceso real a la información de lo que cada uno de los partidos políticos representa y propone.
Asimismo, precisa de fortalecer el carácter plural del régimen de partidos, cerrando el paso al bipartidismo o tripartidismo, sin injerencias de ninguna clase en la vida interna de los partidos por parte de organismos electorales o de los Poderes del Estado, y evitando en todo momento la discriminación de los mismos por motivo de la ideología que sustenten o de su régimen interno.
Indiscutiblemente se necesita también que los partidos políticos, como entidades de interés público que son, sean los actores centrales de todo proceso electoral, no el Estado ni los “ciudadanos” en abstracto.
Finalmente debe crearse un organismo público verdaderamente representativo y democrático que sea el encargado de organizar los procesos electorales, desde su inicio hasta el proceso de calificación de la elección.
Para ir avanzando en este camino deben tomarse medidas muy concretas, tales como:
1.- Desaparecer el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, también llamado Tribunal Federal Electoral (Trife), así como el Instituto Federal Electoral (IFE), auténticos engendros neoliberales, creando en su lugar un organismo público encargado de los procesos electorales, desde su inicio hasta su calificación.
Este organismo deberá contar con un órgano superior de dirección integrado paritariamente por consejeros designados por los Poderes Ejecutivo y Legislativo y por cada uno de los partidos políticos nacionales, y que tendrá entre sus responsabilidades calificar las elecciones de diputados y senadores, así como declarar, cuando proceda, la validez de la elección de unos y otros.
Sus decisiones deberán ser tomadas de manera democrática por la mayoría de sus integrantes y, por lo que hace a la calificación, deberán ser definitivas e inatacables, y
2.- Avanzar aceleradamente hacia la representación proporcional integral, es decir, que todos los diputados y senadores sean electos por este principio, y de esta manera cada uno de los partidos políticos esté representado en el Poder Legislativo de la nación de acuerdo a su fuerza política y electoral real, y más mexicanos, por tanto, sientan que su voz es verdaderamente escuchada en los Poderes del Estado.

Conclusión.

En México no podrá haber una auténtica democracia, una nueva democracia, mientras el 80% de sus habitantes viva en la pobreza y en la miseria, mientras al partido que representa los intereses de la clase trabajadora se le excluya ilegalmente de la vida política y de la participación electoral con el pretexto gubernamental de que su ideología y su régimen interno son “antidemocráticos”, mientras los mexicanos no tengamos acceso real a la información de lo que proponen todos y cada uno de los partidos políticos, mientras existan instituciones antidemocráticas como el Trife y el IFE, y, por tanto, mientras podamos ser presa fácil de presiones y manipulaciones de todo tipo ejercidas por quienes ostentan el poder económico y político en nuestro país.
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martes, 2 de febrero de 2010

Regalo de Año Nuevo para los “surrealistas”.

Por Roberto Escamilla Pérez.

En su época, a todos aquellos políticos e intelectuales que interpretaban de manera equivocada la realidad, ya sea por ignorancia o por así convenir a sus mezquinos intereses, Vicente Lombardo Toledano los calificó como “surrealistas”, “porque se zurran en la realidad”, explicaba.
No se trata de señalar con estas palabras a todo aquel que no coincida con nuestras ideas, no, sino a aquellos que diciéndose progresistas, y hasta de “izquierda”, se empeñan en acomodar la realidad a sus muy estrechos y torcidos criterios, casi siempre con un afán oportunista y persiguiendo mayor poder económico y político, sin tomar en cuenta para nada los intereses del pueblo y de la nación, siempre contrarios, por esencia, a sus oscuros propósitos.
Hoy los modernos “surrealistas”, autonombrados como la “izquierda moderna”, con el sueño de hacerse del poder en algunos estados de la República donde se llevarán a cabo elecciones, como Oaxaca, Durango e Hidalgo, de manera oportunista, cínica, pero sobre todo ingenua, concretan alianzas nada menos que con el enemigo del progreso del pueblo mexicano, de su Revolución y de nuestra Constitución, antítesis de la democracia, aliado del imperialismo norteamericano e instrumento de los grandes empresarios nacionales y extranjeros, y del clero político: el Partido (de) Acción Nacional (PAN).
Son oportunistas porque lo único que quieren es el poder por el poder mismo, no para servir desde él al pueblo mexicano, sino para servirse de él; son cínicos porque no les importa pisotear, frente a todo mundo, los principios y programa de sus partidos, y las ideas que dicen sustentar, y son ingenuos porque creen que van a aventajar al PAN en dichas alianzas, cuando este partido de la derecha tradicional será el único y real beneficiado.
Así pensaban y actuaban los antiguos “surrealistas”. Cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se encontraba en el poder, decían: no importa qué partido llegue, con tal de sacar al PRI del poder, y si llega el PAN será entonces más fácil derrotarlo. La realidad de hoy demuestra cuán equivocados estaban, y cuán errónea y perjudicial para las causas del pueblo fue esa estrategia, misma que hoy sus herederos pretenden aplicar.
Por ello, sin afán presuntuoso, porque las ideas expuestas en ella no son un descubrimiento de un servidor, sino fruto de la experiencia de lucha del pueblo mexicano y ya planteadas desde hace muchos años por genios al servicio de la clase obrera como Lombardo Toledano, va para los “surrealistas” que aún tengan un gramo de vergüenza y dignidad, pero principalmente para los mexicanos bien nacidos, la siguiente:

Guía práctica para la toma del poder en ocho pasos:

1.- Aceptar que el camino abierto por la Revolución Mexicana iniciada en 1910 está aún vigente y que, por tanto, es necesario continuar la lucha por la independencia nacional, la ampliación del régimen democrático y la elevación constante del nivel de vida del pueblo.
2.- Considerar que las políticas económicas neoliberales aplicadas desde el régimen de Miguel de la Madrid Hurtado hasta el actual, de Felipe Calderón, son contrarias a dicho camino y, por tanto, a los intereses del pueblo y de la nación mexicana.
3.- Reconocer que el enemigo principal del pueblo mexicano, de su progreso, es el imperialismo norteamericano, y sus aliados en México, es decir, el Partido (de) Acción Nacional, los grupúsculos de neoliberales incrustados en todos los partidos con registro, los grandes empresarios aliados a las empresas trasnacionales y el clero político, que han sido, también, los enemigos históricos de la Revolución Mexicana y los principales impulsores de las políticas económicas neoliberales.
4.- Admitir, entonces, que el resto de los mexicanos, es decir, los obreros, los pequeños y medianos empresarios nacionales, los profesionistas y técnicos, los maestros, los intelectuales progresistas, los campesinos, los peones agrícolas, los estudiantes, las amas de casa, los desempleados, los comerciantes ambulantes, los indígenas, los trabajadores en general, y los partidos políticos de origen democrático y revolucionario, tenemos uno, varios o muchos puntos de coincidencia que van en el sentido del logro de la independencia nacional, la ampliación del régimen democrático, la elevación del nivel de vida del pueblo y contra las políticas económicas neoliberales.
5.- Tener la decisión de llevar al campo práctico, de la vida diaria, esas coincidencias, estableciendo alianzas y acciones conjuntas sobre cuestiones concretas en defensa de los intereses de cada uno de los sectores del pueblo mexicano y de la nación, dejando a un lado las discrepancias y haciendo énfasis en lo que nos une, concientes de que esta actitud no va en contra de los principios, ni de la independencia de los individuos, organizaciones y partidos involucrados.
6.- En el campo electoral, luchar por construir un gran Frente Nacional, Democrático, Patriótico, Antiimperialista y Antineoliberal, con un programa o Plataforma Electoral nacionalista y progresista, que le dé un nuevo impulso a la Revolución Mexicana, actualizando su programa, adaptándolo a las condiciones de hoy para avanzar en el logro de la independencia nacional, la ampliación del régimen democrático y la elevación constante del nivel de vida del pueblo mexicano.
7.- En los procesos electorales, tanto federales como estatales, aunque sería lo deseable, no considerar imprescindible postular un candidato común de este gran Frente, toda vez que lo que en verdad importa son las coincidencias, las acciones conjuntas y los compromisos para derrotar a la derecha neoliberal aliada del imperialismo norteamericano, y llevar a los diferentes ámbitos del poder a personalidades progresistas, nacionalistas, democráticas, que se comprometan a llevar a la práctica los compromisos y el programa avanzado pactado.
8.- Una vez derrotada la derecha panista, y con ello a todos los grupos neoliberales, establecer un Gobierno de Democracia Nacional, es decir, un gobierno en el que participen, en todos los ámbitos, sólo individuos, organizaciones y partidos políticos del campo progresista, excluyendo a todo elemento de derecha aliado al clero político o a intereses trasnacionales, un gobierno que sea intolerante con los actos de corrupción, por mínimos que sean, un gobierno, por tanto, no unipartidista, sino conformado por todas las fuerzas progresistas de México.

Conclusión

Decirse de izquierda o progresista y no tomar en cuenta estas consideraciones producto de la experiencia histórica de lucha del pueblo mexicano, es conducirse, más temprano que tarde, al desprestigio, a la derrota política y electoral, y a la extinción: ningún partido político progresista, ninguna personalidad por más popular que sea, podrá llegar y consolidarse en el poder sin el concurso de todos los mexicanos que queremos el progreso, una auténtica democracia y la independencia cabal de nuestra patria, mucho menos cuando, errando en la estrategia y en la táctica, se realizan alianzas con los enemigos del pueblo, que son, hoy por hoy, los neoliberales de dentro y de fuera del poder público.
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