jueves, 19 de enero de 2017
Manifiesto
al pueblo de México:
El
Partido Popular Socialista (PPS) se adhiere a la indignación y coraje del
pueblo mexicano desatados por el reciente incremento al precio de los
combustibles ordenado por el gobierno neoliberal de Peña Nieto, se solidariza y
participa en las movilizaciones pacíficas que se han llevado a cabo a todo lo
largo y ancho del país, y se une a la preocupación que han provocado las
declaraciones agresivas y las medidas proteccionistas implementadas por el aún
presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump.
Hoy
es un hecho que en la conciencia colectiva de los mexicanos, las reformas
estructurales neoliberales y sus efectos ya no son hechos lejanos ni ajenos a
nuestra vida cotidiana, sino una realidad cercana, palpable y que nos afectará
a todos a corto plazo, y de una manera directa y devastadora, esto si las
fuerzas progresistas y el pueblo en general no ponemos manos a la obra de
inmediato, asumiendo nuestra responsabilidad histórica.
La
corrupción gubernamental; la enorme, inmoral e impagable deuda externa; la
apertura indiscriminada a las inversiones extranjeras; el Tratado de Libre
Comercio (TLC); las privatizaciones de empresas y recursos naturales; los
recortes al gasto público en educación, salud y para el desarrollo económico y
social en general; el abandono de los campesinos, y de los pequeños y medianos
empresarios mexicanos por parte del gobierno; la destrucción del ejido; las
contrarreformas a los artículos 3º, 27, 123 y 130 constitucionales; a las leyes
del Trabajo, del IMSS, de Energía; la privatización de las pensiones de los
trabajadores y las reformas estructurales (la educativa y energética,
especialmente), han provocado la entrega de nuestra tierra, empresas y riquezas
naturales, como el petróleo, a los monopolios trasnacionales, principalmente
norteamericanos.
Miente
Peña Nieto al decir que el petróleo se acabó. Existe suficiente para impulsar
nuestro desarrollo económico independiente, pero se lo han entregado a los
monopolios petroleros trasnacionales. Ya no es nuestro. Lo regalaron. Esta es
la realidad. La patria posee recursos naturales inmensos, pero ya no son de los
mexicanos.
Teníamos
miles de industrias en manos del Estado y los neoliberales las desprestigiaron
primero, las hicieron quebrar y después las regalaron a los extranjeros. Este
es el caso de la industria petroquímica, por medio de la cual se producen los
combustibles, y cientos de materias primas esenciales para la industria y
nuestro desarrollo económico.
Nos
prometieron que México sería un país del “primer mundo” con el TLC, y
desarrollo, empleo y recursos con la reforma energética, pero hoy millones de
mexicanos se debaten en la miseria y el desempleo, nuestra economía es
totalmente dependiente de la norteamericana y, dice el gobierno, ya no hay
recursos, por ello los recortes en salud, educación y ciencia. Por ello los
“gasolinazos”.
El
pueblo mexicano está harto de promesas y mentiras, porque aún con todo lo que
han hecho los gobiernos neoliberales panistas y priistas desde 1982, sí hay
recursos, pero se los roban, y los dilapidan en lujos, en gastos superfluos y
en salarios millonarios para los altos funcionarios, empezando por Peña Nieto,
su gabinete, diputados, senadores, jueces, gobernadores y titulares de
distintas dependencias de gobierno, mientras millones prácticamente mueren de
hambre, y cunde el miedo al futuro, la desesperación, el crimen y la
inseguridad pública.
Para
colmo, en los Estados Unidos gana las elecciones un empresario multimillonario,
Donald Trump, personaje desequilibrado, inmoral, cínico, racista y abiertamente
agresivo, quien amenaza con la construcción de un muro pagado por nosotros
mismos y con expulsar de ese país a millones de compatriotas que, por culpa de
nuestros propios gobiernos, tuvieron que emigrar en busca de un empleo y un
futuro mejor.
Además,
Trump, aún sin haber asumido la Presidencia de su país, ha logrado imponer
medidas proteccionistas, y diversas empresas automotrices norteamericanas han
retirado inversiones millonarias de nuestro país y anunciado que se irán de
México para invertir en los Estados Unidos. Ante esto el gobierno mexicano no
sabe qué hacer, porque lo que debería hacer no está dispuesto a llevarlo a
cabo. Porque la total dependencia de nuestra economía con respecto a la norteamericana,
provocada por las privatizaciones, el TLC y las reformas estructurales, tiene a
Peña Nieto de rodillas ante el imperio.
Peña
Nieto miente: sí existen recursos para sacar adelante a nuestro país; los “gasolinazos” no son inevitables y sí son
producto de la reforma energética neoliberal; ninguna medida ni plan de los que
pretende implementar evitará la carestía y la escalada de precios, y hará todo
lo que Donald Trump le diga porque su gobierno, y los que le antecedieron desde
1982, nos convirtieron en esclavos de la economía norteamericana y en lacayos
de su política exterior.
Ante
esta grave situación, el Partido Popular Socialista (PPS) hace un urgente y
fraternal llamado a la unidad de todas las fuerzas progresistas de nuestro país
mediante la conformación de un gran Frente Nacional, Democrático, Patriótico y
Antineoliberal, en el que participen, sin perder su autonomía e independencia,
movimientos y organizaciones de todo tipo, políticas, obreras, campesinas,
populares, estudiantiles, de profesionistas, médicos, maestros, juveniles, de
mujeres, los intelectuales y ciudadanos de pensamiento progresista y
antineoliberal, y todas aquellas personas, organizaciones o movimientos que
hayan sido agraviados o afectados por las políticas neoliberales del gobierno y
por sus actos represivos.
Un
Frente que formule un programa amplio y alternativo de gobierno, de carácter
progresista, que plantee soluciones a los graves problemas por los que atravesamos,
que se proponga regresar al pueblo sus empresas estratégicas y recursos
naturales, sus esperanzas, su bienestar, y a la nación su dignidad y honor en
el ámbito internacional.
Un
Frente que lleve a cabo acciones masivas de protesta, pacíficas, de todo tipo,
cuyos representantes se reúnan periódicamente, suscriban manifiestos al pueblo
de México para orientar sus acciones y educarlo políticamente, convoquen a
conferencias de prensa, denuncien ante México y el mundo las injusticias que
comete el gobierno y recorran el país difundiendo un programa común, entre
otras muchas acciones más.
Un
Frente que eduque políticamente a los mexicanos para que no vendan su voto, y
no vuelvan a votar por aquellos partidos que nos han traicionado y vendido a la
patria, y para vigilar las elecciones, y hacer que todos y cada uno de nuestros
votos se respete.
Un
Frente que, una vez que hayan sido expulsados del poder los neoliberales, forme
un gobierno en el que éstos no tengan cabida, constituido por representantes de
las fuerzas progresistas del país y en el que el pueblo tenga verdaderamente,
en la práctica, voz y voto, para caminar hacia la independencia económica y
política de la nación, la elevación constante del nivel de vida de los
mexicanos y a la construcción de un régimen cada vez más democrático.
¡No a los gasolinazos!
¡Derogación de las reformas estructurales!
¡Alto a las privatizaciones!
¡Fuera neoliberales del poder!
¡Nacionalizar es descolonizar!
¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!
Partido Popular Socialista (PPS)
Manuel Fernández Flores. Luis Alfonso Jimenez Ozuna.
Secretario General. Secretario de Organización.
jueves, 14 de enero de 2016
TPP: el TLC recargado.
Por:
Roberto ESCAMILLA PÉREZ
Vuelto
a cargar; sobrecargado; cargado otra vez o en exceso, estos son algunos de los
significados de la palabra “recargado” que encontramos en el diccionario y que
nos dan una idea general, pero clara, de lo que representa el llamado Acuerdo Transpacífico
de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés).
El
TPP es el mismo Tratado de Libre Comercio (TLC), firmado por Salinas (México),
Bush (Estados Unidos) y Mulroney (Canadá), el 17 de diciembre de 1992, y que
entró en vigor el uno de enero de 1994, pero “recargado”, es decir, mucho más
agresivo y “cargado” de concesiones increíbles a favor de los grandes
monopolios norteamericanos, todo en detrimento de la soberanía de México y del
bienestar de nuestro pueblo.
Durante
muchos años, diversos sectores progresistas insistieron en la revisión del TLC
con el propósito de que México también recibiera beneficios y no solo las
empresas trasnacionales, pero los diferentes gobiernos neoliberales se negaron
rotundamente por considerarlo “intocable”, pero ahora, con la posible
aprobación del TPP, está claro que no lo es cuando de otorgar más concesiones
al imperialismo norteamericano se trata.
Las 10 cosas que
todos deberíamos saber sobre el TPP
1.-
Es un proyecto para crear un área de “libre comercio” en la región Asia
Pacífico y en el que participan 12 países: México, Estados Unidos, Japón,
Australia, Nueva Zelanda, Malasia, Brunei, Singapur, Vietnam, Canadá, Perú y
Chile.
2.-
Las negociaciones iniciaron en marzo del 2010 y México se integró a ellas en octubre
del 2012, durante el gobierno del panista Calderón.
3.- Para entrar, el gobierno mexicano
aceptó no poder reabrir ningún capítulo previamente aprobado y reconocer lo que
ya habían convenido los miembros originales, no descartar ningún capítulo
futuro del TPP, además de renunciar al derecho de veto si los nueve miembros
originales aprueban algo.
4.-
Es un acuerdo que se negocia en total secreto y a espaldas de los pueblos
afectados, y únicamente la iniciativa privada, los del llamado “cuarto de
junto”, compuesto por “un grupo de expertos del sector privado”, son los que
están al tanto de las negociaciones y en posibilidad de influir en ellas.
5.-
Los congresos de los países implicados tendrán que aprobarlo o no, sin realizar
modificaciones.
6.-
Pretende imponer restricciones y sanciones en el uso de Internet, que van desde
multas hasta la suspensión del servicio y cárcel, violando de esta manera el
debido proceso, la privacidad de los usuarios y restringiendo la libertad de
expresión, todo con el pretexto de proteger los derechos de autor, de propiedad
intelectual o “copyright”, en cuanto a libros, música, películas, videojuegos,
software, etcétera, con lo que en la práctica se criminalizará el uso de obras
sin autorización aunque no se actúe con fines de lucro, lo que limitará el
acceso a la cultura y a libertad de expresión en los países firmantes solo para
proteger los intereses económicos de los monopolios del entretenimiento y de la
tecnología.
7.-
Para proteger a las trasnacionales farmacéuticas, el acuerdo propone extender la
patente para los medicamentos, de 20 a 25 años, con el consiguiente
encarecimiento de los mismos y el retraso en la fabricación de genéricos, lo
cual sería de gran perjuicio para las instituciones de salud del Estado que
manejan este tipo de medicamentos y, por supuesto, para quienes padecen alguna
enfermedad, principalmente.
8.-
Plantea el registro de patentes para, por ejemplo, procedimientos médicos,
métodos de diagnóstico, cirugías y tratamientos, que por tanto no podrían ser
utilizados por cualquier médico o especialista a pesar de tener la capacidad
para ello, esto en perjuicio de los enfermos, lo que demuestra el carácter
criminal y carente de humanidad del acuerdo.
9.-
El TPP daría total seguridad, protección legal y garantía a las inversiones de
las trasnacionales a costa de la soberanía de las naciones involucradas, esto
al darles el poder para demandar sumas millonarias en caso de que sientan
afectados sus intereses, haciéndolo a través de un tribunal internacional
patrocinado por el Banco Mundial (BM), y pasando sobre las leyes y autoridades
nacionales, porque de acuerdo al secretario de Economía, Ildefonso Guajardo,
esto “es parte
del estándar internacional aceptable en un mundo globalizado” y “un país no
puede aspirar a tener mayores flujos de inversión si no hay garantías mínimas
contra acciones discrecionales expropiatorias”.
10.-
Será un gran instrumento de los Estados Unidos para redefinir los términos del
TLC en favor de los intereses de las trasnacionales gringas, en detrimento de
la soberanía nacional de los países firmantes y del bienestar de sus pueblos, y
además podrá controlar el 40% de la economía mundial, y restar así liderazgo y
poder a China en la región y en el mundo.
Una verdadera
amenaza para los pueblos de los países firmantes
El
capitalismo, el imperialismo y la doctrina que hoy los mantiene con gran
dificultad a flote, el neoliberalismo, constituyen una seria amenaza, no solo
para la soberanía de las naciones y el bienestar de los pueblos, sino para la
propia existencia de la humanidad, pues en aras de mayores ganancias, las
grandes corporaciones trasnacionales instigan conflictos y guerras regionales,
contaminan la Tierra, y destruyen especies animales y vegetales, además de
ecosistemas enteros.
De
esta manera, el TPP, así como las privatizaciones, las reformas estructurales,
el TLC, los impuestos, los recortes presupuestales a la salud, educación, vivienda,
cultura, ciencia y tecnología, etcétera, no son más que instrumentos del
imperialismo norteamericano para mantener de pie a un sistema podrido en sus
entrañas y basado en la obtención de las mayores ganancias posibles a costa de
la miseria de los pueblos, de la explotación y muerte de seres humanos, y de la
destrucción de la naturaleza.
En
México, el TPP, las privatizaciones, las reformas educativa y laboral, la
destrucción paulatina pero acelerada de la educación pública y de la Seguridad
Social, están relacionadas y son parte de la estrategia del imperialismo
norteamericano para continuar con el saqueo de nuestros recursos naturales y
con la explotación de nuestra mano de obra barata, y ahora que prácticamente
tienen en su poder el petróleo, desean hacer el gran negocio con la educación y
la salud del pueblo mexicano.
El
evitar la aprobación del TPP es responsabilidad de las fuerzas progresistas y
patrióticas de nuestro país, y para ello se requiere de manera urgente de su unidad,
pues de lo contrario, la derecha, representada por la gran burguesía nacional,
el clero político, el PRI, el PAN, el PRD, el PVEM y demás grupúsculos
neoliberales, con el apoyo del imperialismo norteamericano, sin el cual no
serían nada, se podrían salir con la suya para desgracia del pueblo mexicano.
Correo
electrónico: a_babor@hotmail.com
lunes, 30 de noviembre de 2015
La Revolución Mexicana, ellos y nosotros.
Por
Roberto ESCAMILLA PÉREZ
Ignorada,
incomprendida, calumniada y traicionada, esto es lo que hoy ocurre con la
Revolución Mexicana iniciada en 1910, de la cual celebramos ya sus 105 años,
muchos para un ser humano, pero pocos para un proceso social que, sin duda, nos
habrá de llevar a estadios superiores de existencia y de bienestar para el
pueblo y la nación, porque a la afirmación de sus detractores en el sentido de
que ha muerto, podríamos responder con el conocido y antiguo refrán: “Los
muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.
La Revolución
Mexicana
La
Revolución Mexicana no ha muerto ni morirá porque es más que una empresa del
Estado, que una escuela o un hospital público, que una dependencia de gobierno,
que un Presidente, e inclusive más que una ley o que la propia Constitución de
la República.
La
esencia de ella son sus principios y el camino que trazó, que nuestro país
deberá recorrer completo tarde o temprano, porque así como una persona no puede
transitar de niño a la etapa adulta sin pasar por la juventud, México no puede,
por las leyes que rigen el desarrollo de toda sociedad, alcanzar etapas superiores
de desarrollo sin lograr todos los objetivos que se propuso dicho movimiento
revolucionario. La Revolución Mexicana es, pues, una necesidad histórica. Es,
por tanto, inevitable.
El
maestro Vicente Lombardo Toledano, gran filósofo, y genial dirigente obrero y
político, definió a la Revolución Mexicana como una revolución antifeudal,
democrático-burguesa, popular y antimperialista.
La
nuestra, señaló, fue una auténtica revolución porque hizo transitar a nuestro
país del régimen feudal al capitalista, y aunque fue encabezada por la
burguesía naciente, en ese momento revolucionaria, participaron en ella la
clase obrera, los campesinos, peones e indígenas, lo que le dio el carácter de
popular.
Además,
afirmó, fue una revolución antimperialista como respuesta, primero, a la larga
historia de agresiones por parte de potencias extranjeras que México tuvo que
sufrir y, en segundo lugar, por el saqueo de nuestros recursos naturales y la
explotación de que fuimos objeto por parte de las empresas trasnacionales
durante decenas de años, y a la que había que ponerle un alto para alcanzar un
desarrollo económico independiente y el bienestar del pueblo mexicano.
La
Revolución Mexicana, precisó Lombardo, se propuso tres objetivos: el logro de
la independencia económica y política nacional, la ampliación del régimen
democrático y el mejoramiento constante del nivel de vida del pueblo. Estos
constituyen a su vez sus tres principios fundamentales, junto con el postulado
“Nacionalizar es descolonizar”, hecho por Vicente Lombardo Toledano al resumir
el camino trazado para México por este movimiento revolucionario.
Nosotros
Por
todo lo anterior, los beneficios que a nosotros,
al pueblo de México, nos trajo la Revolución Mexicana fueron enormes. De ser un
pueblo con un promedio de vida de menos de 40 años, pasamos a uno de 75. Alrededor
de las cientos de empresas del Estado que se crearon, surgió una fuerte
industria nacional en manos de la burguesía mexicana.
Gracias
a las mismas empresas del Estado, y a las nacionalizaciones de la industria
petrolera y eléctrica, entre muchas otras, el país avanzó a pasos agigantados
por el camino de la independencia económica y política, además de crearse
empleos dignos, con buenos salarios, con el consiguiente mejoramiento de
nuestro nivel de vida.
La
destrucción de los latifundios, el reparto de tierras, la creación del Ejido,
los sistemas de riego y los apoyos al campo, incrementaron la producción de
alimentos y elevaron el nivel de vida de los campesinos.
Con
la educación pública, laica y gratuita, garantizada por el artículo 3º constitucional,
y la creación de miles de escuelas primarias, secundarias, de nivel medio
superior y superior, millones de mexicanos lograron tener acceso a la educación
y a la cultura.
La
Seguridad Social, junto con instituciones como el Instituto Mexicano del Seguro
Social (IMSS) y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los
trabajadores del Estado (ISSSTE), permitieron la atención integral de la salud
de millones de mexicanos, quienes además alcanzaron el derecho a una pensión, a
incapacidades por enfermedad o accidentes de trabajo, a guarderías, y apoyos de
diversos tipos como para matrimonio y defunciones, etcétera.
El
artículo 123 constitucional y la Ley Federal del Trabajo permitieron a la clase
trabajadora del país elevar su nivel de vida y hacer realidad sus legítimos
derechos a la huelga, a organizarse en sindicatos, a tener contratos colectivos
de trabajo, a la jornada laboral de ocho horas, a un día de descanso
obligatorio, a vacaciones, reparto de utilidades, aguinaldo, atención médica,
etcétera.
Asimismo,
la mujer obtuvo el derecho al voto y se dio paso a la etapa de los partidos
políticos, surgiendo las diputaciones plurinominales o de representación
proporcional que permitieron que partidos de izquierda, como el Popular
Socialista (PPS) y el Comunista Mexicano (PCM), obtuvieran su registro, y voz y
voto en el Poder Legislativo, constituyendo esto un gran avance en cuanto a la
ampliación del régimen democrático.
En
fin que, con la Revolución Mexicano avanzando, el país se encaminó por la ruta
del desarrollo económico, político y social, fortaleciendo su industria, y su
independencia económica y política, el pueblo elevó considerablemente su nivel
de vida y se amplió el régimen democrático.
Ellos
Pero
entonces, en 1982, vinieron ellos,
los neoliberales priistas, y se hicieron del poder, y junto con la derecha
tradicional, el Partido Acción Nacional (PAN), desde dentro de las
instituciones iniciaron, como un virus, la destrucción sistemática de las
mismas y de todo lo alcanzado por nuestra Revolución, apoyados por el
imperialismo norteamericano y sus empresas trasnacionales, por la gran
burguesía nacional, el clero político y por los monopolios de la información.
Desde
esa época, ellos, que ya nada tenían
que ver con quienes encabezaron la Revolución Mexicana, obedeciendo los
dictados del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI),
organismos financieros del imperialismo norteamericano, iniciaron con la
privatización, venta y desmantelamiento de las empresas estatales, y firmaron
con los Estados Unidos y Canadá un Tratado de Libre Comercio (TLC), que lo
único que ha provocado es la destrucción de la industria nacional, una mayor
dependencia respecto a la economía norteamericana, desempleo, hambre y miseria
para el pueblo mexicano.
Ellos destruyeron los
ejidos y reformaron a su favor los artículos fundamentales de la Constitución,
como el 3º, 27, 123 y 130, y leyes enteras como la Federal del Trabajo y la del
IMSS, echando abajo derechos importantes de la clase trabajadora logrados a
base de la sangre de millones de mexicanos, y privatizando inclusive las
pensiones de los trabajadores con las Administradoras de Fondos para el Retiro
(Afores).
En
la actualidad, ellos están dando los
últimos toques a su obra maestra con la entrega del petróleo a los monopolios
trasnacionales y la privatización de la industria eléctrica, el
desmantelamiento de la educación pública, laica y gratuita, y la privatización
de la Seguridad Social, destruyendo y saboteando, desde dentro, al IMSS y al
ISSSTE, con el objetivo de lograr el respaldo del pueblo mexicano para su
privatización, táctica que les ha sido de mucha utilidad cuando de entregar
nuestras empresas y recursos naturales a los extranjeros y a los grandes ricos
mexicanos se trata.
Asimismo,
actualmente ellos dominan en el
Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la Nación, gracias a que han
construido un régimen bipartidista (PRI-PAN) disfrazado de tripartidismo, arrebatando
toda posibilidad de participación a los auténticos partidos de la clase obrera,
valiéndose para esto de su poder económico, político y propagandístico.
¿Cuáles
han sido los resultados de esta política a la que nosotros llamamos neoliberal?
Dependencia económica, sumisión del gobierno mexicano a los dictados de los
Estados Unidos, destrucción de la economía nacional, desempleo, pobreza,
miseria y enfermedades, un régimen bipartidista antidemocrático al estilo
norteamericano, y una violencia e inseguridad pública nunca antes vistas y que
jamás habíamos imaginado ni en nuestras peores pesadillas. Y ellos son los responsables.
Ser
revolucionario
Entonces,
como ya lo explicamos, la Revolución Mexicana, sus principios y el camino
trazado por ella, están más vivos y tienen más vigencia que nunca, por eso hoy
no se puede ser de izquierda e ignorar a la Revolución Mexicana, no se puede
proponer una nueva Constitución sin basarla en sus principios, si es que se
quiere avanzar y no retroceder, o sumergir a nuestro pueblo en la confusión y
en el caos.
Tampoco
se puede ser de izquierda, demócrata o progresista, si no se lucha contra el
neoliberalismo de manera congruente, clara y desde la trinchera en la que cada
uno se encuentre: en un partido, en un sindicato, en una organización social,
estudiantil, profesional, de mujeres, juvenil o popular.
El
destino de México depende y está indisolublemente ligado a la Revolución
Mexicana, pero para retomar su camino necesitamos igualmente abrevar en el
ejemplo de quienes lucharon en la misma, construyendo un gran Frente Nacional
Democrático y Patriótico que una en la acción a todos los mexicanos y
organizaciones de izquierda, democráticas, progresistas y antimperialistas,
para sacar del poder a ellos, a los
neoliberales, y a la derecha, con un programa para nosotros, adecuado a las condiciones actuales, y que proponga soluciones
viables a los grandes problemas del pueblo y de la Nación.
Correo
electrónico: a_babor@hotmail.com
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Un gran Frente Nacional Democrático y Patriótico para derrotar a los neoliberales.
Por
Roberto ESCAMILLA PÉREZ
La
política es una ciencia, es la ciencia de la transformación de la realidad en
otra mejor. Es una ciencia que requiere del conocimiento de todas las demás, sin
excepción. La política no es, por tanto, un arte o un artificio, mucho menos
una manera de hacerse de riquezas, como quienes han deformado su práctica la entienden.
Si
aplicamos la política como una ciencia, nos enseña que la sociedad humana se
rige por leyes que determinan su desarrollo; que nada es estático, que todo
cambia; que el cambio, al final, siempre es en el sentido del progreso; que
ocurre independientemente de nuestros deseos, y que el papel y la importancia
del hombre en este sentido consiste únicamente en acelerar estos cambios
dependiendo de su manera de accionar en la sociedad.
También
nos dice que la sociedad humana ha transitado por diferentes etapas, pasando de
la comunidad primitiva al esclavismo, después al feudalismo, al capitalismo, y
a la fase superior de éste, el imperialismo, y, finalmente, al socialismo.
Que
en sus orígenes, la sociedad no estuvo dividida en clases sociales, en explotados
y explotadores, que esta división surgió con el esclavismo y que persiste hasta
ahora en la mayor parte del planeta.
Las raíces
históricas del Frente Nacional Democrático y Patriótico
Asimismo,
la realidad, y la experiencia histórica de México y del mundo, nos han enseñado
que cuando los explotados, los pobres, los que padecen injusticias, y los
mejores hombres y mujeres de una sociedad determinada, se unen, se organizan y
actúan, los cambios y las transformaciones en el sentido del progreso se producen.
En
México así ha sido siempre: nuestra independencia respecto a España fue gracias
a la acción conjunta de sectores que, a pesar de sus discrepancias, anhelaban
por sobre todas las cosas dicho objetivo, y así fue que lucharon juntos,
criollos, mestizos, indígenas, mulatos, artesanos, intelectuales y esclavos.
En
la Revolución Mexicana ocurrió lo mismo: contra la dictadura terrateniente
porfirista se unieron en un solo frente, la burguesía en ascenso, intelectuales
de izquierda, obreros, campesinos, peones e indígenas, todos ellos explotados,
empobrecidos, reprimidos, discriminados o hechos a un lado por el dictador.
Dos
ejemplos más ilustran de manera muy clara que la unidad y la acción conjunta
del pueblo y de sus fuerzas progresistas contra un enemigo común y por
objetivos comunes, es siempre exitosa: uno es la Expropiación Petrolera de
1938, que se logró gracias al frente común formado por el gobierno
revolucionario encabezado por el general Lázaro Cárdenas y la clase obrera
dirigida por Vicente Lombardo Toledano, a los que se unieron campesinos,
empresarios e intelectuales progresistas y revolucionarios, así como las
mujeres y la juventud mexicana, y sus organizaciones representativas.
El
otro ejemplo es la derrota infringida a Hitler, al eje Berlín-Roma-Tokio, por
parte de los aliados, incluidos entre ellos a los Estados Unidos y la Unión
Soviética, adversarios ideológicos irreconciliables, que, sin embargo,
olvidaron en esa etapa sus diferencias para luchar contra un enemigo común y
más peligroso en ese momento histórico: el fascismo.
¿Qué es el
Frente Nacional Democrático y Patriótico?
¿Qué
significa todo ello? Que la unidad de las fuerzas democráticas, patrióticas y
progresistas en un solo frente es una línea estratégica y táctica exitosa,
comprobada e imbatible, y que constituye el mejor instrumento del que los
mexicanos de hoy podemos y debemos echar mano para cambiar el rumbo de nuestro
país y expulsar del poder a los neoliberales, que están sumiendo en la miseria
y en el sufrimiento a millones de mexicanos, y que entregan nuestras riquezas
en manos de las trasnacionales.
¿Qué
es el Frente Nacional Democrático y Patriótico, por llamarlo de alguna manera,
y qué se necesita para formarlo? Es la unidad en la acción de todos los
mexicanos y mexicanas progresistas y revolucionarios, y sus organizaciones
representativas, que, aunque con discrepancias, tengan hoy como objetivo
fundamental parar en seco la aplicación de la política económica neoliberal que
tanto daño ha hecho al pueblo y al país, y expulsar del poder a los
neoliberales para formar un gobierno de nuevo tipo en el que estos no tengan
cabida, y de esta manera lograr que el pueblo mexicano eleve su nivel de vida
de manera constante, y nuestro país alcance el verdadero desarrollo económico y
su independencia.
Para
formar un Frente de este tipo se requiere voluntad, para concentrarnos en lo
que nos une, no en lo que nos divide; respeto, para que la independencia,
decisiones e integridad de cada organización se mantengan; humildad, para
reconocer que nadie es propietario de la verdad absoluta, para escuchar a los
demás, combatiendo el sectarismo y la soberbia, que dividen; trabajo, para
reconocer que no todos podemos ser líderes, pero que todos somos importantes en
esta lucha, desde el más humilde ciudadano o militante, hasta el más encumbrado
intelectual, o dirigente político o social; y honradez, para hacer la
diferencia y ser ejemplo ante todo el pueblo mexicano.
¿Cuál es su
importancia y objetivo?
El
éxito en la lucha por nuestro desarrollo económico, por la independencia
nacional, contra las privatizaciones, por la salud, el empleo, la educación,
por un mejor salario, por la democracia, por el respeto a las conquistas
obreras, por los campesinos y pescadores, por la libertad de expresión, etcétera,
depende de que logremos la unidad de los mexicanos y sus organizaciones en un
solo Frente Democrático y Patriótico, que enarbole un programa encaminado a dar
respuesta a los más sentidos anhelos del pueblo.
Esta
debe ser la mayor preocupación de todo mexicano que se precie de progresista y
a esta labor deben dirigirse todos nuestros pensamientos, preocupaciones y
esfuerzos, y sin protagonismos ni ambiciones personales y desmedidas de ningún
tipo, tender una mano fraternal y sincera a todos los mexicanos y sus
organizaciones, para lograr, juntos, la unidad de las fuerzas democráticas y
progresistas en un solo frente, poniendo por encima de todo el interés de la
patria y del pueblo mexicano.
Correo
electrónico: a_babor@hotmail.com
viernes, 16 de octubre de 2015
Universalizar la enfermedad, el proyecto de Peña Nieto
Por Roberto ESCAMILLA PÉREZ
“Por caro que
parezca el seguro social,
resulta menos
gravoso que los riesgos de una revolución”.
Otto von Bismarck,
“El Canciller de Hierro”
Desde
siempre, las clases dominantes han pretendido imponer al resto de la sociedad
el concepto de que el Estado es un ente neutral, que se encuentra por encima de
las clases sociales y de sus intereses, que es un instrumento para la
aplicación de la justicia, y que su propósito es resguardar el orden público y
procurar el “bien común”.
Sin
embargo, la experiencia histórica y la realidad actual siguen demostrando que
el Estado es el instrumento utilizado por la clase social dominante para
imponer sus conceptos e intereses sobre el resto de la sociedad, utilizando
para ello todos los elementos a su alcance, desde los legales hasta la represión,
y el crimen.
La seguridad
social surgida de la Revolución Mexicana
El
Estado surgido de la Revolución Mexicana fue un instrumento para la defensa de
los intereses de la burguesía nacional en ascenso, pero también, por las
circunstancias particulares de nuestro país y gracias a quienes participaron en
la etapa armada de nuestro movimiento revolucionario (indígenas, obreros,
campesinos e intelectuales revolucionarios), incluyó, en sus leyes e
instituciones, los más sentidos anhelos de las masas populares.
Uno
de dichos anhelos fue la seguridad social, entendiendo ésta como un elemento
fundamental para la procuración de la salud del pueblo mexicano y de todos los
elementos necesarios que le brindaran seguridad y una vida digna, desde el
nacimiento hasta la vejez.
Hasta
antes del golpe de Estado incruento perpetrado por los neoliberales en los
ochentas del siglo pasado en contra de las instituciones surgidas de la
Revolución Mexicana, la seguridad social, fundamentada en los artículos 4º y 123
constitucionales, en la Ley Federal del Trabajo y en la Ley del Seguro Social,
garantizaba a millones de mexicanos una atención digna y de calidad en los
cientos de clínicas y hospitales existentes a todo lo largo y ancho de la
República Mexicana.
De
acuerdo a nuestras leyes, la seguridad social incluye el seguro de enfermedad y
maternidad, que garantiza atención médica, quirúrgica, farmacéutica y
hospitalaria desde el primero hasta el tercer nivel, ayuda para lactancia y
subsidios por incapacidades temporales, además de seguro de riesgos de trabajo,
seguro de invalidez y vida, seguro de retiro y vejez, prestaciones sociales y
seguro de guardería, entre otros derechos.
Sin
embargo, muchos de ellos han sido acotados y reducidos, o hasta anulados en la
práctica por los gobiernos neoliberales debido a contrarreformas hechas a
nuestras leyes, a la privatización sistemática de la seguridad social, a la
criminal reducción del presupuesto destinado a la salud, y a la corrupción y el
debilitamiento intencional de las instituciones de salud a partir de 1982, con
Miguel de la Madrid Hurtado.
Universalizar la
enfermedad, proyecto de Peña Nieto.
De
la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón, ya hicieron su parte en su
propósito de privatizar las instituciones de salud públicas y en privar a los
mexicanos de su derecho a una vida y muerte dignas, pues, entre otras cosas,
además del cada vez más pobre presupuesto destinado a proteger la salud de los
mexicanos, elevaron el número de semanas de cotización y la edad para tener
derecho a una pensión, privatizaron los ahorros de millones de trabajadores con
la creación de las llamadas Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores),
que se quedan hasta con una cuarta parte del dinero de los cotizantes sin
arriesgar absolutamente nada.
Pero
los neoliberales fundamentalistas del Partido Acción Nacional (PAN) y del
Partido Revolucionario Institucional (PRI), con Peña Nieto al frente, y hasta
los “neoliberales de izquierda”, encabezados por “Los Chuchos” perredistas, van
por todo, ahora con el llamado “Sistema Nacional de Salud Universal”, “sistema
único de salud” o “universalidad” del sistema de salud.
¿Qué
pretende Peña Nieto con esta iniciativa? ¿Realmente universalizar la atención a
la salud? No, más bien universalizar la enfermedad porque, entre otras cosas,
habría una reducción de beneficios en pensiones, servicios médicos y
prestaciones sociales, esto al degradar la atención médica del Instituto
Mexicano del Seguro Social (IMSS) y del Instituto de Seguridad y Servicios
Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), al paquete del Seguro
Popular, además, los jóvenes necesitarían muchos más años de cotización y se
ajustarían las pensiones a una universal de mil 92 pesos.
Se dejarán
fuera problemas de salud frecuentes, como la insuficiencia renal crónica
y muchos cánceres, y los asegurados deberán pagar por la atención de dichas
enfermedades en las unidades médicas públicas o privadas pues con esta contrarreforma
los derechohabientes solo podrán acceder a un paquete que únicamente incluirá
285 enfermedades, al contrario de lo que sucede hasta ahora en el IMSS y el
ISSSTE, instituciones que están obligadas por ley a atender todos los
padecimientos y prestar todos los servicios de manera gratuita.
Asimismo,
la reforma de salud de Peña Nieto castigará a niños, discapacitados, enfermos
crónicos y pobres, porque para los neoliberales son una pesada e indeseable
“carga”, por lo que anularía en la práctica el derecho a la salud de los
mexicanos, reduciendo la atención pública e impulsando a quienes están ansiosos
por lucrar y hacer un gran negocio con las enfermedades del pueblo.
De
esta manera, de aprobarse la propuesta de Peña Nieto, ¿cuántos mexicanos que
padecen alguna discapacidad, cáncer, diabetes, hipertensión arterial, insuficiencia
renal, entre otras enfermedades graves y crónicas, podrían costearse sus
tratamientos en hospitales y clínicas privadas, y adquirir los costosos
medicamentos? ¿Cuántas personas de edad avanzada podrían hacerlo? Muy pocas.
Así, millones de mexicanos estarían condenados a una muerte prematura y en
medio de grandes dolores, todo ante la impotencia y el sufrimiento de sus
familias.
El viacrucis
diario y real de los derechohabientes
¿A
qué se enfrentan diariamente los derechohabientes cuando acuden a una clínica,
hospital o institución de salud del Estado? A la carencia de medicamentos o a
la mala calidad de los mismos; a largos tiempos de espera en instalaciones
insalubres y oscuras, sin aire acondicionado donde se requiere; a la falta de
médicos especialistas; a la insuficiencia del equipo necesario para la
realización de los diferentes estudios y análisis clínicos; a la poca capacidad
de algunos médicos y a la mala atención por parte del personal administrativo;
a meses de espera para un estudio o cita con un médico especialista, aunque de
ellos dependa la vida del paciente, etcétera.
Es
claro que esta problemática no se debe a que las instituciones de salud pública
sean malas y a que el Estado no tenga la capacidad para administrarlas, como
señalan los mismos neoliberales, y la gran burguesía nacional y trasnacional,
sino a que quienes nos gobiernan, lejos de estar interesados en resolver los
problemas del pueblo y de la nación, únicamente obedecen los dictados del Banco
Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI), encaminados a
privatizar la seguridad social.
De
continuar por este camino, la seguridad social desaparecerá en la práctica y
las instituciones de salud públicas terminarán atendiendo únicamente diarreas,
catarros, dolores de cabeza y colocando “curitas”, con medicamentos de tercera,
y miles de trabajadores de la salud irán a engrosar las filas de los
desempleados.
La
“universalidad” que necesitamos
Es
verdad, los mexicanos requerimos urgentemente un sistema universal de salud que
realmente cumpla con los objetivos de atender de manera eficiente e integral
los problemas de salud de los mexicanos, y de asegurar para todos una vida
digna, desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte.
Por
ello, el sistema universal de salud que necesitamos tendría que cumplir, como
mínimo, con los siguientes requisitos:
1.-
Un incremento sustancial y real al presupuesto destinado a la salud y a la
seguridad social.
2.-
El respeto a los derechos y logros de todos los trabajadores de la salud,
plasmados en sus contratos colectivos de trabajo.
3.-
Deberá abarcar a todos los mexicanos e incluir todas y cada una de las
prestaciones que actualmente se contemplan.
4.-
Que no se excluya de ella ninguna enfermedad por muy oneroso que su tratamiento
parezca, teniendo que ser financiada en su totalidad por el Estado y no por el
derechohabiente, paciente o enfermo.
5.-
Que los montos, topes o niveles de estas prestaciones no bajen, por lo
contrario, sean las óptimas, las mejores, para asegurar al beneficiario y a su
familia un nivel de vida digno y decoroso.
4.-
Mejorar las instalaciones y equipamiento a niveles equivalentes a la
institución, clínica u hospital que mejores condiciones tenga.
5.-
Que desde el Presidente de la República, hasta el más humilde empleado público,
incluidos por supuesto diputados federales, senadores e integrantes de la
Suprema Corte de Justicia, funcionarios a todos los niveles de cualquier
dependencia federal, estatal y municipal, sean incluidos en este esquema de
universalización y les sean anulados cualquier clase de seguro, atención o
prestación médica privadas.
Es
claro que medidas como las anteriores no serán tomadas por el actual gobierno
encabezado por Peña Nieto, ni por ningún otro que base sus acciones en el
neoliberalismo, por ello la necesidad urgente de lograr la unidad de todas las
fuerzas progresistas del país para derrotar y sacar del poder a quienes hoy lo
detentan antes de que la sangre llegue al río.
Correo
electrónico: a_babor@hotmail.com
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